Nada es verdad, todo está permitido
Ezio Auditore es todo lo contrario de lo que era Altaïr. Bueno, ambos son asesinos, ambos son ágiles, pero Ezio tiene personalidad. Mucho, mucho carisma, y eso se nota desde el principio, en el que podemos ver la relación con su familia, con su entorno, e iremos viendo a lo largo de la historia cómo granjea sus amistades por toda Italia. Sin duda es un gran personaje con el que poder tener un buen grado de empatía. No es un simple muñeco al que llevar de un lado para otro a cumplir una misión, sino que todo tendrá una continuidad, y parecerá totalmente que es voluntad del propio Ezio, hasta que, sin quererlo, acabará actuando según el credo de los asesinos, y
es esa buena mezcla entre los motivos personales y el bien común la que consigue tenerte enganchado a la historia de los Auditore. Otro de los puntos flacos del original, solucionado.
Y siguiendo con esto, es la causa de otro problema solucionado, y es que
pocas veces tendremos que recorrer los caminos de una ciudad a otra desde la “base” para hacer una y otra vez las mismas acciones de reconocimiento para abordar al objetivo, ya que todo irá fluido y es bien posible que tras un asesinato tengamos que ir a otro directamente, ideando los planes sobre la marcha, dentro de una gran variedad de acciones, como contratar distracciones, atentar desde arriba sigilosamente, o la no siempre efectiva “tira la puerta delantera y mata a todo lo que se te ponga por delante”.
Pero que no sea obligatorio volver a la base no quiere decir que no sea necesario. Ezio dispondrá de su propia villa, de la que actuará como alcalde y banquero, en la que
tendremos que invertir el dinero ganado en las misiones o lo recaudado de nuestros habitantes, para mejorar las instalaciones y los comercios, y generar más dinero a recaudar, amén de conseguir mayores descuentos. Todo esto lo gestionaremos desde nuestra mansión, en lo alto de la villa, que podremos decorar con todo lo que vayamos adquiriendo, como estatuillas, pinturas y obras de arte reales de artistas de la época, todo el armamento y la equipación que vamos consiguiendo, o incluso los retratos de nuestras víctimas.
Como podéis ver, el dinero toma un papel fundamental en esta entrega, y es una de las incorporaciones más importantes, no sólo como moneda de cambio para las tiendas de armas, medicinas, ropa o arte, sino también como forma de distracción, ya que podremos
arrojar florines al suelo en cualquier momento para distraer la atención de los guardias, o para entorpecerles el paso durante una persecución, debido a la marabunta de gente que se formará alrededor del dinero caído.
Hay muchas formas de conseguir dinero, unas más lícitas que otras. La recaudación de impuestos de nuestra villa y la consecución de misiones serán las fuentes principales, pero también podremos ganarnos unos florines extra explorando el entorno y abriendo cofres, o bien, haciendo de carterista entre la gente. Pero que no nos pierda la avaricia, robar aumentará nuestra notoriedad, y la gente tardará poco en dar la alarma cuando se entere de su pérdida, así que no nos conviene mucho rondar la misma zona tras el hurto. Y cuanto más conocidos seamos, más problemas nos dará la guardia, con lo que tendremos que tomar medidas preventivas, como ir arrancando carteles de búsqueda con nuestras caras, o sobornar a los heraldos para que no nos difamen.