Análisis de Grand Theft Auto: Episodes From Liberty City
Es sencillo a estas alturas, valorar GTA IV como ese gran icono que cambió la percepción y la escala de los videojuegos, pero realmente hasta el día de su lanzamiento, existían dudas sobre su proyección y posibilidades: un retraso imprevisto de más de 6 meses, demasiadas expectativas, una nueva generación y retos técnicos que superar, sopesar un cuarto capítulo de una saga tan prolífera y masiva sin caer en la repetición...
Rockstar nos dio otra lección e implantó un dogma, tangible y no de fe. GTA no es una saga: es casi un movimiento, un género independiente. Por más que se transforme su caparazón (Vice City, San Andreas, GTA London) o se deconstruyan sus pilares (la versión en miniatura para Nintendo DS y PSP, Chinatown Wars) Grand Theft Auto tiene tanto potencial como Rockstar conciba.
Estos episodios, también conocidos como la gran exclusiva que Microsoft le robó a Sony para tener un “pequeño extra” que ofrecer a sus usuarios, se les ha ido de las manos a la propia compañía, pero lejos de ser un joven rebelde y peleón, se trata de un hijo precoz y auto-suficiente: Episodes from Liberty City es un capítulo rico, auto-suficiente y tan capaz como lo fueron en su día Vice City o San Andreas respecto a GTA III.
Este disco sirve como contra punto y perfilación de GTA IV de una forma tan maquiavélica y planificada que no nos queda ningún atisbo de duda de que sus personajes fueron concebidos desde que los hermanos Houser pusieron la primera piedra en el guión de Liberty City.
La forma en la que las dos historias confluyen, se entre cruzan y culminan con la aventura de Niko tiene una magnificencia propia del spaghetti western más tarantiniesco (e imitado hasta la saciedad durante los últimos 15 años) como nunca antes un videojuego se había atrevido a insinuar. Un mecanismo perfecto, la últmia melodía magnífica de Rockstar.