Desde el inicio de la civilización, el hombre ha tenido una obligación casi química de controlar y abarcar en su extensión y poder, cualquier cosa que se interpusiese en su camino. Desde el descubrimiento del fuego hasta ese primer ingeniero que diseñó un elemento tan básico como la rueda, la evolución tecnológica ha ido a la par que nuestras insaciables aspiraciones sociales.
Turn 10, equipo que ha marcado un antes y un después dentro de los simuladores de consolas con el lanzamiento de Forza Motorsport en Xbox, comulgan con esta filosofía radical del más y mejor todavía.
Pero lanzar un juego tan puro y honesto como Forza Motorsport 2 entraña sus riesgos: el gran grueso de jugadores de consola se vieron abrumados por su dificultad, realismo y exigencia. Los 60fps que proporcionan una experiencia de juego más suave y agradable, palidecían ante la carga y lucimiento de otros juegos de conducción más efectistas. Forza 2 brillaba, pero no tanto como una simple demo de Gran Turismo 5. Turn 10 tenía motivos para dejar de luchar y conformarse con rentabilizar una franquicia en auge.
Este tercera y probable última entrega de Xbox 360 es el valor del esfuerzo, el último disparo a ciegas en la carrera por dominar la simulación. No prescinde de nada, lo abarca todo y consigue, sin dudarlo un instante, el juego de conducción en consola más completo y generoso de todos los tiempos.