Amenaza biológica para adolescentes. Explosiones, super-poderes y casquería.
Prototype cuenta la historia de un joven atormentado (Alex Mercer ) que, recién despierto de una amnesia, descubre que ha sido utilizado como arma biológica en plena ciudad de Manhattan.
La acción comienza como flashforward, viviendo el casi final de la aventura en la piel de Alex y toda una ciudad devastada por el caos y una pandemia vírica que puebla de vísceras las calles. La premisa, el contexto, la estética, etc., no son muy originales: a decir verdad se trata de un refrito de comic americano barato con toda la testosterona y liviandad propia de esta cultura.
Pero… ¿Desde cuándo los videojuegos son alta literatura? Prototype tiene una premisa y posibilidades para recrear un sandbox descarnado y enfermizo, una vuelta de tuerca a Crackdown (del cual bebe sin pudor) con muchas más amputaciones y monstruos gigantes, sin perder esa sensación de libertad destructiva que muy bien definieron nuestros compañeros de anait
“componente cabra”.
Ciertamente, Prototype puede enorgullecerse de conseguir ser un videojuego por encima de la media por sus bajas pretensiones y potentes resultados: qué ganas tengo yo de darle sentido a este argumento cargado de clichés y pantomimas si puedo destruir helicópteros lanzando a civiles inocentes desde los rascacielos del Upper East Side.