Una bala en la cabeza
En Gears of War 2 poco espacio hay para la pausas, menos para las charlas. El título comienza en un ataque inesperado (cómo no) a un hospital y cuando nos queramos dar cuenta ya llevamos horas enfrascados en batallas titánicas entre acorazados, Brumaks, Reavers y demás parafernalia.
El desarrollo del modo campaña es más trepidante y longevo que el de la primera entrega (que tenía ciertos agujeros jugables difíciles de disimular). Esta entrega es más compacta y extensa, ampliando prácticamente todos los puntos del anterior: nuevos enemigos finales y más grandes, nuevas rutinas y modus operandi en los combates, mayor número de armas y posibilidades con las mismas y en general, un repaso y puesta a punto a la mecánica de juego más imitada en los juegos de acción de la presente generación.
Donde cabe hacer un inciso, antes de profundizar en mecánicas y modos, es en el espléndido trabajo técnico que han realizado para esta secuela. El listón era francamente alto y la presión dar un nuevo paso en la carrera por exprimir el Unreal Engine 3 evidente, pero los méritos técnicos de este Gears of War 2 son indiscutibles: las texturas han ganado en nitidez, los escenarios son mucho más abiertos y espectaculares, la cantidad de enemigos en pantalla en ocasiones se quintuplica (y hay que tener en cuenta las dimensiones de algunos de estos) y en ciertos momentos (especialmente los relacionados con los parejes de los Locust más afrodisíacos) nos encontramos con el nuevo estandarte técnico en Xbox 360. Si bien es cierto que la destrucción de escenarios ha resultado ser anecdótica y que los cuerpos sin vida siguen sufriendo el efecto ragdoll, Gears of War 2 es un paso más allá en horizontes gráficos.
La banda sonora (por continuar aplaudiendo la producción) es soberbia, en una línea más claustrofóbica y enérgica, repasando eso sí algunas de las composiciones de la original, también de la mano del siempre fascinante Steve Jablonsky.
La campaña como llega se va. Tras 15 horas de machos alfa realizando picadillo con Locust, destruyendo ciudades y en definitiva, firmando uno de los modos campaña más espectaculares y viscerales jamás soñados, Gears of War acaba de comenzar.
El modo multi-jugador del primero fue toda una revolución por su consistencia y original planteamiento. Esta secuela se apunta los logros de su predecesor y soluciona ciertas taras serias (ya no hay host, ahora las partidas son en servidores comunes por lo que no hay miedo a las ventajas).
A modos tradicionales (zona de guerra, ejecución, anexión, etc.) se le unen ahora varios enfoques que enriquecen la experiencia ya de por sí vibrante, de un combate por equipos (por cierto, ahora uno más). En la curiosa interpretación de Epic por “capturar la bandera”, tendremos que disparar a un civil para llevarlo a nuestra zona, existe también un modo Deathmatch por parejas, de 5 equipos de 2 jugadores cada uno, en otro deberemos eliminar al líder rival, etc.
Gears of War 2 a su vez es más táctico y dinámico. Se ha reducido la potencia de la escopeta a favor de un combate menos encorsetado y con mayor movimiento por el escenario. A su vez, las nuevas posibilidades (arrastrarse por el escenario herido para ser salvados, los duelos a motosierra) se entienden mejor aquí que en la campaña.
Cómo no, toca hablar del genial modo horda, sin duda, uno de los extras de esta entrega que más dio que hablar. Definitivamente, es ni más ni menos, lo que esperamos de él: un equipo de 5 Gears (co-op) se deberán amotinar en contra de 50 hordas de enemigos, cada cual más numerosa y amenazante que la anterior. Ser cautos, evitar ser flaqueados y jugar de forma coordinada y equilibrada es básico en uno de los modos que más dará que hablar en cuanto a puntuaciones y rankings mundiales.