Tres hechos indiscutibles de los videojuegos a día de hoy conforman los tres picos de una corona con una gigantesca M de rubí incrustada en el frontal. El primero,
Mario es uno de los iconos del videojuego por antonomasia, mundialmente reconocido y, si queda alguien que aún no lo haya manejado mediante un pad, seguro que lo reconocerá, e incluso sabrá que es un fontanero que come champiñones. El segundo, es que
Super Mario Galaxy es, sin lugar a dudas, el máximo exponente de los videojuegos de plataformas en 3D, y tercero,
New Super Mario Bros., tanto en DS como en Wii, ha sido el rescate más certero que una saga pueda tener, y Nintendo ha sabido llegar con ellos a la mayor cantidad (y variedad) de público posible.
Y llegados a esta situación, ¿Qué podría ser más importante? Obtener el reconocimiento de los jugadores, crítica y público por igual, es vital, pero al fin y al cabo, esto es un negocio.
Una secuela de Galaxy era un movimiento tan impredecible como arriesgado, pero Nintendo no da puntada sin hilo, no ahora. Con esto, nos presenta
Super Mario Galaxy 2, o de cómo acercar gradualmente al público casual a un juego más complejo, sin perder un ápice de calidad.
Si, ya lo sabemos: Bowser secuestra a la Princesa Peach. Así lleva siendo 25 años, y volverá a serlo otros tantos. Pero lo cierto es que hacía mucho que Mario no se andaba con chiquitas y se dejaba de rodeos, sobre todo si de las entregas en 3D hablamos. Queremos botar, queremos ver nuevos mundos, queremos poner a prueba nuestra habilidad con saltos al límite. Sabemos de sobra cómo termina la historia, así que vamos directamente a disfrutar. Ya nada necesita presentaciones.
Incluso el jugador novel sabe agitar el Wiimote y conoce a Yoshi porque, de seguro, antes de pasar por Galaxy 2, habrá pasado por New Super Mario Wii. Y precisamente, tanto como homenaje retro para el jugador más experimentado como a modo de toma de contacto para el recién llegado, empezamos con una muy sutil curva de aprendizaje que nos lleva desde el más puro desarrollo 2D de avance lateral al movimiento en tres dimensiones, llegando finalmente a conflictos con la gravedad que nos harán aprender a caminar boca abajo por pequeños planetoides. Y tras esto, empieza el festival del transformismo.