Los videojuegos de rol Online habitualmente castigan tu interior con la siguiente dicotomía:
¿soy buen jugador por haber depositado cientos de horas o he depositado cientos de horas para desarrollar mis habilidades como buen jugador?.
Capcom ha desafiado las leyes de los niveles, los infinitos parámetros a controlar de un juego de rol tradicional para centrarnos en la experiencia de la caza, en conocer y respetar a nuestra presa y buscar la mejoría de nuestras acciones de forma empírica y no forzando mecánicamente las mismas acciones hasta la extenuación.
Pero esto tampoco nos sorprende. Llevamos años disfrutando de esos enemigos finales que ocupan dos tercios de la pantalla, que ponen a prueba nuestros nervios y consiguen dejarnos exhaustos cuando conseguimos derribarlos.
Monster Hunter reúne toda la sabiduría y oficio de la Capcom más agobiante, exigente y curtida en mecánicas imposibles. La pregunta es, ¿cómo ha evolucionado esta icónica franquicia de desbordante éxito en Japón en su llegada a Wii?
Monster Hunter Tri es el juego más potente para Wii del 2010 por múltiples razones: Se trata, para empezar, de una superproducción
third party a un nivel inusual, una apuesta completa por una plataforma minoritaria en lo respectivo a jugadores tradicionales, los cuales acaban de recibir una ración abundante e inesperada con este juego de rol denso, visualmente sobrecogedor y que echa por tierra cualquier tópico para Wii:
MHTri es exigente y maduro, con una propuesta de juego en red no sólo atractiva, si no inexistente en la competencia, disolviendo incluso errores pasados como los molestos códigos de amigo.
Las leyes de Monster Hunter están muy definidas. El tempo es deliberadamente lento, para evitar que el jugador confunda "acción en tiempo real" con machacar botones a lo God of War. En MH debes conocer el recorrido de tu ataque, medir la distancia, conocer el tiempo que vas a emplear en guardar el arma y zafarte de el rango de daño de tu enemigo: la única forma es emplear horas, jugar de forma reposada y evitar el impulso nervioso. Precisamente, los clichés habituales que definen la simplicidad de los juegos casuales.