Platinum Games con su primer título han realizado la declaración de intenciones más afinada que cabría imaginar. MadWorld está cargado de ironía, sentido del humor, elegancia y magnificencia jugable, pero ante todo, es un juego de contrastes (más allá del radiante y cacareado blanco/negro/rojo).
Para empezar, es un juego que desafía sin miramientos cualquier discurso en contra de la violencia y su uso como método de recreación personal. En un mundo alienado y ficticio como Mad World, la violencia gratuita no es una opción si no una obligación, dejando cualquier atisbo de polémica implícita (GTA o juegos con muestran la barbarie como opción, no como una imposición). Mad World es francamente hiriente, ya que exige al jugador empalar, destripar, clavar, quemar y hacer todo tipo de vejaciones tanto físicas como desde algún retorcido punto de vista psicológico a nuestras víctimas.
El universo en el que aplicaremos nuestra particular justicia con Jack es el paraíso de la demencia. Con motivo de un violento programa de televisión (argumento recurrente últimamente para justificar banalidades), la ciudad se ha clausurado y las apuestas por conocer a los supervivientes se disparan. Lo más fascinante de Mad World no es encontrar su ciudad vacía y repleta de elementos de muerte: es imaginarnos una sociedad afín a este infierno, más allá de barriles con fuego, bates ensangrentados y trituradoras humanas.
Seguimos con el juego de contrastes: un juego publicado para Wii, exclusivo, hardcore y aún más pasado de rosca que el intocable
No More Heroes, un trabajo que exige el culto al instante. Visualmente imperenne, completo y rico en matices.
Sega publica el segundo gran juego para Wii en 2009 y nos hace temer un futuro desolador. Para contrarrestarlo, cuchillas sangrantes, olor a gasolina y vísceras por doquier, bienvenidos a la exhibición de las atrocidades.