Filtros y vísceras de plástico
Olvidada y enterrada (como los salones recreativos que la vieron nacer), la saga The House of the Dead tenía todas las papeletas para caer en el más absoluto de los olvidos. Original de Sega Saturn, llevamos más de 15 años disfrutando de la cultura zombie más auténtica, cantidades ingentes de pólvora y guiones delirantes de serie Z.
Pero parece que hacía falta enfatizarlo. No vamos a ser críticos con el punto más resplandeciente de THOD:O, pero no nos engañemos creyendo que ha llegado Grindhouse (la sesión doble de terror de Quentin Tarantino y Robert Rodríguez) y han inspirado a los chicos de Headstrong: House of the Dead ya se había nutrido del pulp con anterioridad sin remordimientos. En cada secuencia de vídeo, enemigo o pieza de la bso.
Ahora, no nos vamos a poner quisquillosos por excederse de puristas: el gamberreo y el sentido del humor son ahora mucho más notorios y descarados. A toda costa. Overkill puede presumir de algunas de las líneas de diálogo más tronchantes y potentes que se han visto en un video-juego, no caracterizándose además por ser especialmente sutiles. Headstrong (estudio freelance, autores de Batallion Wars Wii para Nintendo) han sido muy ágiles a la hora de cargar con la justa zafiedad una saga ya de por sí alocada en cuanto a tono, creando un atractivo potencial.
Resulta difícil discernir si las letras sangrantes y el humor casposo nació con las primeras entregas de House of the Dead o si surgió de forma involuntaria, pero Headstrong ha cogido el toro por los cuernos haciendo de la hipérbole un arte: desde efectos visuales emulando una película grabada con una Super 8, banda sonora con regusto blaxploitation, personajes pimp, fallos de racord…toda la cultura video-club de los 80 concentrada en una DVD.