En los 8 mundos que hemos podido jugar, existe una sensación de reinvención en Galaxy 2. Los niveles, escogidos inteligentemente para mostrarnos peculiaridades y futuros patrones, encuentran en Sky Station Galaxy el nivel más tradicional (considerando ya tradicional esa fantasía onírica de planetas y gravedades que fue el primer SMG...) incluyendo pequeños ajustes como mayor cantidad de rutas alternativas, puntos de guardado en medio de los niveles (el jugador novato en Wii podía sentirse seriamente amenazado con su dificultad...) y una tendencia evidente en buscar un reto mayor, simple y capitular (como una serie de saltos, la utilización de determinados ítems, la obligación de eliminar a nuevos enemigos, etc.) para conseguir un juego más ágil y continuamente retante, emulando en efectividad y velocidad a un New Super Mario Bros.
Los nuevos objetos (como el perforador de Spin Dig Galaxy) son los habituales extras en un Super Mario que Nintendo implementa de forma tan orgánica en el juego que parece imposible concebir el SMG original sin estos extras. Con esta herramienta (ítem eventual, similar al disfraz de abeja) podremos perforar planetas para aparecer en su antípodas, abriendo un nuevo abanico de posibilidades jugables y una vez más, la compañía gira en torno a este añadido para funcionar como motor generatriz de una nueva mecánica jugable.
Por supuesto, Yoshi, gran invitado, vuelve de una forma similar a la de Super Mario Sunshine, como un apoyo eventual. Realmente este personaje nunca tuvo un peso jugable esencial en ninguna entrega de la franquicia, funciona como complemento adyacente, pero es curioso como todo mariólogo que se precie considera una entrega sin el dinosaurio verde coja, existe una sensación placentera tenerlo a su disposición por la oportunidad que el juego nos ofrece de fallar.
Nada más y nada menos. Super Mario Galaxy 2 será un 80% menos innovador y rompedor que el clásico de Wii, pero prácticamente seguro un 120% más pulido, completo y jugablemente fresco que su competencia. Si no nos quejamos de la infinita descendencia de los pajes del castillo, no seremos nosotros los que osemos toserle a un hijo, cualquier cosa menos bastardo, al Rey del Reino.