GRÁFICOS - Bully: Scholarship Edition -
El apartado técnico de Bully es correcto aún padeciendo los tres peores síntomas que podría tener un título de estas características: utiliza un motor considerablemente prehistórico (utilizado en más de una ocasión por la compañía), tiene más de un año de antigüedad y su arquitectura es básicamente la de un juego de Playstation 2.
Teniendo en cuenta esta máxima, las animaciones son considerablemente acertadas, las texturas tiene un rico nivel cromático y la caracterización general es destacable. Evidentemente se notan sus orígenes, pero no es todo lo catastrófico que podría parecer en un comienzo.
Hay que añadir, que se ha retocado ligeramente algunas texturas, se ha adaptado al formato panorámico y a la máxima resolución que soporta Wii (480p). Otro punto a favor es que el juego corre a un frame-rate estable y la cámara en escasísimas ocasiones causa problemas.
La dirección artística continúa siendo sublime, llena de guiños a los colegios internos ingleses de clase media. El universo de Bully está tan cuidado, que en pocas horas disfrutaremos del carisma de sus personajes, los bellos parajes por donde se desarrollará la acción (destacan las canchas de juego y las habitaciones, perfectos reflejos del pasado estudiantil de cualquiera) o incluso, en las excelentes ilustraciones que acompañan el título.
SONIDO - Bully: Scholarship Edition -
Otro aspecto muy cuidado en la producción original del juego fue la BSO. En esta ocasión no se ha retocado nada de la original, manteniendo esa fantástica aura de película sobre institutos de los años ochenta y noventa (películas anteriormente mencionadas o “El club de los poetas muertos”).
El número de temas es muy elevado (muy característico de Rockstar) aunque las voces lamentablemente están en Inglés, aunque no por ello desmerecen el conjunto. Los personajes tienen acentos característicos, cumplen con su pose a la perfección (abusones, geeks, atractivas adolescentes etc.)
Los efectos sonoros no son muy espectaculares pero sí dignos. El sonido de los puñetazos, de los balones rebotando en las canchas de los estadios son creíbles y se adaptan a las situaciones. Sin proezas pero funcionales, se hecha en falta algo más de originalidad con el altavoz del Wiimote.