Los combos y las armas blancas llegan a PlayStation Portable con la intención de revitalizar el sistema a base de gráficos brillantes, golpes y, por encima de todo, un nombre conocido.
Quizás debido a los deseos de Sony o simplemente a la casualidad, este otoño van a coincidir muchas virtudes alrededor de PSP, un sistema que se renueva con su versión “Go” y que, actuando dicho modelo a modo de Fénix, se espera que la portátil más potente del mercado resurja de sus cenizas (donde empezaba a estancarse) y vuelva a ser un sistema de moda, cool y metropolita.
Fe de ello quieren dar los lanzamientos venideros de esta temporada que, a modo de pasarela otoño/invierno, esperan deslumbrar al público con un acabado apabullante y, como reclamo, nada mejor que nombres conocidos, fáciles para la prensa y mejores aún para el comercio.
Es aquí donde entra Soul Calibur: Broken Destiny o, en otras palabras, el primer Soul Calibur portátil, algo lo suficientemente llamativo como para entrar en la categoría de los anteriormente citados, uniéndose a otros que han llegado o están por llegar, dígase Dissidia: Final Fantasy, Tekken 6, Fate: Unlimited Codes, Motorstorm: Artic Edge, Jak and Daxter: The Lost Frontier, Beaterator, LittleBigPlanet, Gran Turismo Portable, Persona, Obscure: The Aftermath o LocoRoco: Midnight Carnival, entre otros. Lo cierto es que incluso yo mismo tras citar todos estos títulos me he quedado sorprendido, se me hace difícil el imaginar a alguien capaz de resistirse a tantos encantos aunque bien es cierto que, mirado más fríamente, pierden parte de su belleza al ver en ellos muchas versiones de PS2, juegos descafeinados que veremos (o vimos) con mejor cara en PlayStation 3 o incluso la presencia de algo más que secuelas de conceptos vividos ya por muchos en PlayStation Portable. A esto se le une la base de la que parte el juego que estoy analizando, que no deja de ser una versión (o inspiración) de Soul Calibur IV, publicado en Xbox 360 y PS3 hace un año.