Un pequeño guiño a lo retro que hace que, algunos de nosotros, rememoremos otros tiempos pasados y quizá nuestros inicios en el sector del videojuego. Q-Games lanza un nuevo PixelJunk, esta vez algo diferente, con el que engancharnos durante horas, demostrándonos a su vez que no es necesario entrar en esa competición de gráficos y recursos modernos.
Apelando a la nostalgia y armado hasta los dientes con sencillez y buenas ideas, se pone ante nosotros un shoot ´em up más clásico si cabe que los anteriores, donde el predominio de colores fuertes pero simplistas nos guía, pantalla tras pantalla y nivel tras nivel, por una serie interminable de desafíos en forma de luchas contra otras naves y enemigos de final de fase.
Muchos, al ver esta creación de Q-Games, pueden tener dos reacciones negativas. La primera, si no han visto nunca un lanzamiento del estilo, consiste en un rechazo de primeras producido quizá por la falta de entendimiento del producto en este tiempo, como si desentonara. Lo cual es comprensible en los tiempos que corren, donde percibimos una explotación de la tecnología a nuestro alrededor.
Otra reacción posible es la propia de quienes jugaron a anteriores PixelJunk que, en cierto modo, pueden ver un decaimiento del interés. ¿Por qué es diferente esta edición de la saga? Simplemente, en las anteriores entregas, gozábamos de un mismo sistema de juego pero, el juego de colores, podía resultar más atractivo ya que le daba un aspecto más realista y llamativo. Pero no es lo que se pretende en esta ocasión. Se da un paso más hacia lo retro, se apartan los escenarios coloridos y los detalles que nos distraen y acogen, para dar paso a una demostración simple y clara de qué es lo que realmente nos engancha y entretiene de este tipo de juegos.