Lo reconocemos. Motorstorm es una franquicia que nos tiene enamorados, y nos da un poco igual su calidad final y global como producto marca de la casa de Sony o en comparación con otros juegos arcade de carreras. Al principio fue por su gamberrismo, su mezcla insana de vehículos o simplemente porque nos gustaba que estuviera ambientado en Monumental Valley. Pero eso se fue extrapolando a algo que sí agradecemos en las secuelas.
Su fórmula no ha variado en absoluto, pero todo lo demás sí. No sólo no han repetido un escenario en ninguna de sus siguientes entregas, sino que simplemente, lo han cambiado por completo, con una ambientación por la que no se le puede poner un 2 o un 3 tras el título. Simplemente, un nuevo nombre. Y es lo que han hecho.
Y entre todo esto, Motorstorm Apocalypse es el despiporre máximo. Un juego hecho para que te choques, haciéndote todo tipo de trampas para que, por mucho que te las des de buen jugador, revientes tu vehículo una vez tras otra. En Apocalypse, Evolution Studios no se ha contentado con cambiar el escenario otra vez, sino que han añadido lo que ellos llaman "Eventos" de carrera, que aunque no sea el caso, suponemos, por fechas de desarrollo, son una copia de las destrucciones que se provocaban en Split/Second, sólo que esta vez no las provocamos nosotros, sino que van sucediendo automáticamente. Y lo gracioso es que lo preferimos así, ya que las reglas de Motorstorm son como son: el escenario siempre es más poderoso que tú.
Ver en acción un terremoto o un tsunami, por mucho que en ocasiones esas texturas lleguen a palidecer la experiencia, es impresionante la primera y la cuarta vez que te enfrentas a una carrera. Sus circuitos son toda una experiencia, porque cada vuelta varían totalmente gracias a estos eventos. Pero no cambiando la ruta, como en Split/Second, como si fuera un atajo más, sino modificando el escenario por completo, moviendo tectónicamente una carretera, derrumbando un edificio o desquebrajando un puente que emula al Golden Gate.
La mejor satisfacción para el fan de la conducción es la de no ver circuitos repetidos demasiadas veces, algo que ocurría en la primera y segunda parte. Evolution ha tomado nota y variado los de Apocalypse para que, sin crear nuevos, cuando volvamos a visitarlos no tengan nada que ver.
Todo se ha simplificado, tanto, que el modo Historia nos lleva por el festival de un fin de semana configurando toda la partida sin darnos la oportunidad de dónde queremos correr ni con qué vehículos, y lo intenta aderezar con unas películas de comic animado bastante rocambolescas, con un dibujo muy amateur y una historieta para echarse a llorar.
Quizá, el motivo por el que Apocalypse no funcione para todos es que no contiene ese componente que tanto gusta al corredor, que es ir desbloqueando más y más vehículos y más y más opciones. Es lo que es y no hay más donde escarbar. Simple y llano como el que más.
La frustración de un choque tras otro constante que no te permite pasarte de listo ni evolucionar o perfeccionar tu estilo de juego tampoco gusta, y si a ello añadimos que los escenarios son tan desnivelados arquitectónicamente que cualquier piquito de una roca te revienta el vehículo,
entendemos que la gente prefiera sacrificar espectáculo en pos de una mayor profundidad. Además, y lo reconocemos aunque nos guste en esta ocasión, hay scripts por todos lados para que la carrera siempre esté ajustada hasta el final, por lo que por mucho que te choques siempre tendrás una oportunidad, o por muy bien que lo hagas los otros coches te estarán molestando hasta el final.
Pero eso no quita que las pistas hayan sido desde el comienzo de la franquicia algo digno de estudiar en las escuelas. Si en Pacific Rift flipábamos con circuitos como The Edge o CornField, Apocalypse nos revienta las retinas con pistas como Skyline o el terremoto de la huida final, que alcanza tintes épicos como la propia huida final de Halo 1 y 3.
Hay un modo online, donde caes nada más terminal el festival, porque aparte de intentar quedar siempre primero y desbloquear circuitos, el modo carrera única se antoja poca cosa. Está bien planteado aunque, madre mía no nos lo creemos, IMITE A MODERN WARFARE.
Hay ventajas y niveles y todas esas cosas tan de moda. Es un punto el sistema de apuestas, donde puedes jugarte tus puntos de experiencia a quién crees que resultará ganador de la carrera, y con ello puedes subir o bajar rápidamente de nivel.
Como decimos, somos muy fanboys de Motorstorm. Pero es que así somos nosotros. Sin tampoco pretender caer en la caricatura de la objetividad,
entendemos que no todo el mundo se ríe tanto como nosotros cuando se choca una vez tras otra; cuando nada más aparecer ya te están empujando de nuevo; que su sistema no haya variado salvo por los embistes; que haya scripts por todos lados porque así es la vida; que el estudio se haya preocupado más de los escenarios que del jugador recorriéndolos, o de la falta de profundidad y capaz evolutiva. Así que, por nuestra parte, diremos que es un gran juego que nos encanta y para el resto, aquí tenéis la nota, que nosotros nos volvemos a este festival de locura inflamable.
NOTA FINAL: 7,5