Si alguien recuerda el primer contacto Playstation 3 con el mundo, en aquel fatídico E3 del 2005, en el que sus datos nos marearon y los primeros trailers dieron la vuelta al mundo por la red, sin duda recordarán el primer trailer de Motorstorm.
Tras el confesado engaño y una vez destapada la trampa, aquel hipnótico trailer siguió vivo en la versión final: de algún modo, la furia y pasión de esos vehículos burdos, infernales, derrapando sin ton ni son por kilómetros de zonas casi inhabitables, resultó ser finalmente el verdadero propósito de Evolution Studios (con quizás algo menos de detalle y salpicaduras de barro).
Tras el notable éxito de la primera entrega, dos años más tarde llega Pacific Rift, una apuesta a punto de la franquicia en cuanto a las posibilidades técnicas de Playstation 3 y también un pequeño paso más allá en las posibilidades de estos mastodontes motorizados.
Esta secuela resulta ser una versión potenciada del Motorstorm original. El marco ha variado sensiblemente hacia unos entornos más tropicales, paradisíacos potenciados gracias a vibrantes atardeceres. Huelga a decir que los nuevos aires no han desvirtuado el espíritu original: esta belleza plástica sólo es el campo de minas para el barro y la destrucción desbocada.
El sistema de juego sigue siendo equilibrista y preciso. Las carreras en estos entornos infernales (cada curva será aún más mortífera y pronunciada que la anterior) son disputadas por vehículos de diversa índole: quads, motos, buggies y cualquier medio de transporte con más de una rueda y motor, cuanto más embrutecido y soez mejor.