El adjetivo sleeper como ya hemos señalado en el análisis del Soul Boubbles hace unos meses, se utiliza con demasiada frecuencia y facilidad, para aclamar títulos desconocidos que han sorprendido a la crítica (normalmente diseñados por estudios independientes).
El caso de Pure es muy particular: lejos de ser un sleeper, el título de Disney ha recibido una campaña de marketing desproporcionada por parte de la compañía y Atari, anunciando curiosamente algo que nadie nos esperábamos: que Pure iba a ser algo realmente memorable.
El mercado de los títulos de ATV no resulta muy prolífico a la par que la mayoría de títulos no resultan excesivamente brillante; de ahí la desconfianza no ante el título, si no directamente ante el género.
Pure asume un papel mucho más grandilocuente e interesante que un simple título de quads y se enfrenta cara a cara a los titanes del género arcade más desenfadado, como pueden ser Motorstorm o Burnout en la actualidad.
El as en la manga de Pure se encuentra más allá de su espectacular realización y cuidado diseño, el valor más radical del título de Black Rock reside en su corazón jugable, profundo y lleno de matices que dejará boquiabierto hasta a los escépticos como yo, que tratábamos con una desacertada indiferencia un título muy a tener en cuenta.