La etapa de las 32 bit resultó revolucionaria debido a factores decisivos que repercutieron en expandir el mercado y las posibilidades figurativas gracias a al aumento progresivo de la potencia mediante las 3D y, cómo no, la revolución mainstream. En aquella época, le debemos mucho a Wipeout desde el lejano lanzamiento de PSX.
1994. Tras un potente line-up con varios título que intentaban de forma torpe pero decorosa dar un paso hacia delante en cuanto a realismo y animación, Wipeout se trató de un auténtico golpe hacia la mesa hacia la abstracción, los límites de la percepción.
Se trataba del año 1994 y un juego de aspecto futurista, vertiginoso, casi abstracto, luchaba por un hueco entre simuladores pobres que presumían de realismo y fotorrealismo en sistemas tan primitivos. Wipeout dio un salto al vacío hacia la cultura de club, hacia el sentido común, hacia la verticalidad.
Tras tres entregas excelsas PSX llego la esperadísima entrega de Playstation 2, Fusion, llevando la franquicia a su momento más bajo en todos los sentidos: varios conceptos nuevos que no encajaban con la filosofía de la franquicia, un apartado técnico pobre y una sensación de velocidad poco trabajaba, pusieron en tela de juicio la franquicia e hizo que hasta el 2005 no disfrutase de un dulce amanecer con su renacimiento en PSP.
Tras Pure y Pulse, la Wipeout ha vuelto a su posición privilegiada, pero aún quedaba una deuda pendiente; la plataforma de sobremesa, la que lo impulsó a la categoría de mito y recompensar de una vez por todas a los pacientes fans fieles de los sistemas de Sony. Vuestra espera a merecido la pena, disfrutad.