Si no hubiésemos sido tan estrictos con
Modern Warfare 2, tan justos y severos con la secuela de
Bad Company o indiferentes ante la fanfarria y expectación de
Killzone 2, esta crítica no tendría tanto sentido.
Pero en Mundogamers sabemos que nuestro papel es el de apoyar a un sector de consumidores muy entregado y conscientes de lo que se cuece en el mercado y debemos comunicar que Medal of Honor, una franquicia reputada y suficientemente querida, ha sufrido un vuelco tan comercialmente rentable como temible, al imitar sin escrúpulos a una saga de éxito y apuntarse a la comodidad de lo han lastrado a convertirse en el
candidato principal a caramelo envenenado de la temporada.
No resulta agradable encontrarse ante un producto que es hijo forzado de sus tiempos. No es imaginable una saga que su momento llegó a ser refinada y sostenida dentro de su marco en la guerra mundial a dar el salto bajo la golosa insinuación de los números. Es loable por su productora y coherente para sus accionistas, pero si no se llega a unos mínimos casi de moralidad básica, nuestra misión es muy diferente.
La falta de humanidad en este Medal of Honor llega a ser en un determinado punto, de una repugnancia peligrosa. “No hay duda de que ha sido Al Qaeda", señalan mientras exterminamos sin ton ni son (¡Ni siquiera el manual nos introduce en la historia, ni la caja incluye una sinopsis!), en MoH nos sueltan en la arena a matar, de un modo fascista, en un entorno con una impostada peligrosidad, de carácter irrespetuoso y partidista, con unos códigos de honor injustificables para el público al que se dirige (que no nos engañemos, será el tardo-adolescente con fracaso escolar en la mochila, gorra ladeada e iPod cargado con la discografía de 50 Cent).
Que los shooters como género viven entre una competencia claustrofóbica y que la mecánica con la tecnología actual parece no encontrar salida es una realidad, pero otra muy diferente es vivir en el pasado con ínfulas de presente: Si cada vez perdonamos menos Call of Duty su sistema repetitivo, guión de enemigos y situaciones inamovibles y niveles estructurados a base de pasillos,
si se emula prácticamente esquivando el plagio y se fracasa es de juzgado de guardia. MoH no tiene ritmo, los niveles se diferencian unos de los otros por la iluminación y la ambientación y no las situaciones a las que somete al jugador, además de ser una nube tópicos, personajes estereotipados y enemigos (por supuesto, de una maldad infinita) con una I.A. propia... de la primera entrega para PSOne.
Más allá de su contexto y osadía de querer competir en primera división,
MoH destapa errores que creíamos habían pasado a mejor vida, ¿30 fps en un FPS? ¿Texturas a una resolución paupérrima en 360, PS3 y PC? ¿Bombillas, jarrones y mobiliario indestructible? ¿Sombras pixeladas?
Al menos esperamos que Danger Close, estudio tras esta debacle, no esperase que nos sorprendiésemos al activar las gafas de visión nocturna en una sala a oscuras o escapásemos de una emboscada en un Quad.
Por supuesto bajo este panorama, esperar que aporte alguna novedad o que incluya una innovación de interés es ciencia ficción.
DICE consigue salvar el cuello a este Medal of Honor con un multijugador de fábrica, mucho mejor que el propio juego (inclusive e inexplicablemente, también el apartado gráfico...) con lo mejor de Battlefield y cómo no, su envidiada competencia. Si es lo que quieres, matar objetos que pululan sin orden ni concierto por un escenario digital, adelante, pero
existen mejores opciones a tropel. Recordad que nuestra misión es recordar de vez en cuando, que el fast food puede causar indigestión…
NOTA FINAL: 5