A veces, hasta nosotros tenemos que reconocer que la nostalgia no es algo malo. No es que apoyemos que todos los juegos sigan los patrones que se inventaron hace diez o quince años, pero lo que es seguro es que, cuando no hay forma por el momento de superarse, es mejor mirar hacia atrás. WRC mezcla toda la sapiencia de Milestone durante su carrera con la esencia de los rallys de antaño, con el primer Colin McRae a la cabeza. No es que se parezca totalmente a su clásico esquema jugable, sino que recoje las bases canónicas en cuanto a reglas de choques y obstáculos, tramos de ruta y disfrute de las etapas.
Dichas etapas pueden ser más o menos fieles a los Rallies oficiales de la WRC (aunque el juego lleve su sello oficial), pero dada la orografía del terreno, es más que probable que los italianos locos de Milestone hayan decidido incluir ciertas licencias en formas de árboles pegados a la carretera, piedras cerca del arcén o vayas y pasos estrechos para añadir algo de dinamismo. Como si el Rally real fuera demasiado fácil para un videojuego.
WRC hace lo que sabe hacer, y lo hace bien. Esto es, proporcionar unos circuitos bien trabajados y un sistema de tracción en los vehículos que hace que conducirlos sea una delicia. Lo decíamos en el avance: logra ese estado de concentración en lo abstracto, donde la mirada se pierde en un punto de fuga en el horizonte, y uno toma las curvas como si fueran una extensión de sí mismo. Los tres tipos de carretera (hielo, gravilla y asfalto, junto a sus variantes), son perfectos y se comportan de una manera que ninguno resulta demasiado fácil ni dificil. Y es que es sorprendente darse cuenta de que, pese a ver el asfalto como la superficie más segura, uno tenga que contenerse si no quiere terminar en la cuneta.
Por otro lado, lo que WRC no sabe hacer tan bien, lo disimula con acierto. Los gráficos pueden no estar a la altura, pero bastan algunas fases y efectos de agua para darse cuenta de que hay algo de belleza soterrada en su arquitectura. La física de los vehículos se comporta perfectamente cuando trazamos correctamente el circuito, pero puede llegar a ser un desastre si chocamos ligeramente contra un obstáculo, debido a unas cajas de choque bastante sospechosas o a pequeños golpes (sobre todo con las esquinas frontales del vehículo) que pueden hacer que tu coche se desestabilice de una forma muy irreal o empiece a dar vueltas sobre sí mismo como loco.
Aun así, tendremos suficientes etapas como para darnos cuenta de lo que WRC vale de verdad. Las primeras veces puede resultar demasiado obtuso para los no iniciados, y sería fácil sacrificarle a la primera de cambio, pero una vez puesto en marcha el modo Camino a la WRC con sus numerosos niveles compuestos por seis rallies de varias etapas, es imposible no percatarse de que tenemos un producto serio y cuidado entre las manos.