Scott Pilgrim vs. The world, en su formato original (comic, escrito por Bryan Lee O’Malley) parte de la disparatada idea un joven tardo-adolescente que se enamora del cliché de chica especial, conocida como Ramona Flowers, pero con el inesperado problema de que, para que este amor sea recíproco, debe derrotar a sus 7 exnovios anteriores. ¿Cómo? Mediante delirantes batallas y diálogos, un combo de épica geek cargada de rayos, explosiones, kabooms y metafísica sobre el amor varia. En definitiva, lo que nos ha ocurrido a todos en alguna u otra ocasión.
Con motivo de su éxito, se prepara película protagonizada por Michael Cera y con filtro de comedia independiente para asegurar una taquilla digna. Llega el momento de la última incógnita, ¿y qué pasa con el videojuego? Pues que Ubisoft se decanta por la versión más chiflada y la idea más retorcidamente brillante que podrían haber tenido jamás: contratar a Paul Robertson.
Para el que no conozca a este artista (nada descabellado, este es su primer videojuego) se trata de un grafista que ha dado vuelta y media a la red gracias a sus animaciones como con Kings of Power 4%Billion entre otros trabajos, donde demostraba un conocimiento de la cultura audiovisual del videojuego clásico y unas dotes de animador e ilustrador horror-vacui poco habituales y de lo más hipnóticas: