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Articulo: Arte y videojuegos (Página 1/1) Anuncios IntroducciónComencemos con un tópico, definamos según la RAE: Arte: “Virtud, disposición y habilidad para hacer algo”, “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”, “Conjunto de preceptos y reglas necesarios para hacer bien algo”, “Lógica, física y metafísica” y un largísimo etc., por lo general, descripciones pobres y subjetivas ligadas a la época de las mismas. Videojuego: “Dispositivo electrónico que permite, mediante mandos apropiados, simular juegos en las pantallas de un televisor o de un ordenador”.
Videojuegos: El arte de entretenerSi bien es cierto que los tiempos han cambiado y con ello el mundo del videojuego: desde controles, temas técnicos o implementaciones de nuevas posibilidades (físicas más avanzadas, metodologías más precisas o mayor abanico de acciones) no hay que olvidar, que el patrón que debe (o debería) mover el sector, es sin duda el del ocio. Un videojuego está concebido para, básicamente, perder nuestro tiempo (útil o no tanto) ante una pantalla, ya sea CRT, TFT, HD o la de una Game & Watch. Por muy infantil y simple que parezca, divertirse es un axioma ligado al humano, difícil de contentar. No hay más que ver, por ejemplo, que en la antigüedad se otorgaron verdaderas fortunas como obsequio por descubrir juegos lógicos complejos. Un videojuego de aspecto simple, puro, sin pirotecnia como puede ser el Tetris de Alexey Pajitnov, es tan válido a día de hoy como el actual y contemporáneo Virtua Tennis 3. Ambos entretienen, ambos divierten, ambos están bien ejecutados, ambos son buenos videojuegos.
Nuevas técnicas gráficas, el comienzo del conflictoA nadie se le ocurrió calificar de arte en 1975 a videojuegos como PacMan, con un aspecto en los límites de lo figurativo, con técnicas gráficas limitadísimas. Sin embargo, a día de hoy es la vanguardia de cualquier museo de arte moderno. El arte es un mundo aberrante, donde se confunde fama y calidad, pose, modernismo, exceso de egocentrismo y probablemente la suma de caracteres más vergonzosos del ser humano. Ha sido tal el cúmulo de experiencias negativas que un servidor ha visto y vivido lo que me ha hecho llegar a esta conclusión. Lo que no quita que el arte sea uno de mis motores en la vida y sin duda una de mis grandes pasiones. Estos falsos profetas de la modernidad, ven en el apartado visual de algunos videojuegos (recalcaré los más sonados: ICO, Katamari Damacy, el omnipresente REZ, Vib Ribbon, Electroplankton… un goloso caramelo del que sacar dinero. En algunos casos, grandiosos videojuegos dotados de gran profundidad jugable y sin duda, de apartados visuales brillantes. ¿Esto quiere decir que son obras para tener expuestas en un museo? Nada más lejos de la realidad; No. Pecan de pedantes desde ambos lados del cuadrilátero. Desde los “gafapastillas” críticos que valoran estos videojuegos como arte por el simple echo de tener una estética brillante (que se acaba simplificando ni más ni menos en realizar simples avatares con mayor o menor gusto), olvidándose completamente de su originen principal, como es el de su carácter jugable, su más claro objetivo que es el de hacernos pasar un buen rato. Videojuegos “artístico-contemplativos” como, yo que sé, flOw, como mucho lo que pueden llegar a hacer es aburrir. Sin duda con un aspecto visual extraordinario, desde luego, pero en términos de auténtico espíritu “videojueguístico” prehistórico, serán todo lo vanguardistas, estéticos, retro o simplemente bonitos que quieras, pero si son un fraude jugable será simple y triste arte interactivo, una atracción barata de feria, no más. Por otro lado están los que dicen que juegos como Final Fantasy XII son joyas que deberían posar en un museo de arte. Probablemente los mismos que no han pisado uno en su vida. ¿De verdad es necesario, el galardón estúpido y fantasma de “obra de arte” para que un videojuego tenga mayor reconocimiento y sea más entretenido, que en el fondo, para lo que realmente deberían estar diseñados? Haciendo un inciso en el camino y como comentario probablemente fuera de lugar, me parece pedante la elección de títulos artísticos, tendiendo siempre a comparar con obras de arte registradas de otros mundos, como el de la pintura o el vídeo. Por esa regla de tres, aunque un apartado gráfico de un videojuego sea brillante por sus similitudes estilísticas con la pintura de Kandinsky (siempre de modo superficial, banal), yo siempre me quedaría, por ejemplo, con el estilo propio y clásico del videojuego. Bellezas plásticas como el primer Super Mario Bros, con esa definición y esa gama de colores tan apasionante son únicas y exclusivas de los clásicos de la época, en mi opinión, muchísimo más ricos artísticamente que esas extrañas mezclas entre videoarte y manga anime que intentan colar como post-art.
Cada cosa por su nombre¿Museos honoríficos? Quizás, siempre que se comprenda el por qué ese producto debe de estar ahí y no otro. No nos olvidemos que los videojuegos son una pura y simple industria. Píxel, por poner un ejemplo aislado, sí debería recibir “supuestos” galardones, ha creado una auténtica joya del videojuego como “Doukutsu Monogatari”, que no sólo tiene un apartado visual rico, bello, completo, con personalidad, carisma y sello, si no lo que verdaderamente importa, impoluta jugabilidad en todos y cada uno de los apartados que puedes imaginar. Y gratis.
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