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Ponemos fin a nuestro repaso a los mejores y más influyentes juegos de la década. 10 años donde los avances tecnológicos han ido acompañando y frenando a partes iguales, géneros, fusiones, nuevos retos y mecánicas completamente originales.
Los videojuegos se han ido adaptando a múltiples plataformas (desde el ocaso de Nintendo 64 y Playstation, la prematura muerte de Dreamcast, toda la vida de Playstation 2 o el nacimiento de las consolas domésticas de Microsoft), la industria se ha ido adaptando a las diferentes tendencias (o las ha generado, como con Wii, Nintendo DS o PS2, auténticos fenómenos sociales), muchos géneros han crecido o encontrado su lugar (World of Warcraft y el furor Online) o marcando tendencia entre territorios (del dominio nipón durante la pasada generación al actual y dominante enfoque norteamericano).
La industria ha demostrado en este potentísimo comienzo de siglo que goza de un momento dulce pero que aún le queda mucho por demostrar, múltiples barreras que superar y muchos nuevos campos y sectores que abarcar. Un brindis, por una próxima década aún más prolífica y contundente.
25 - World of Wacraft (2005, PC): Blizzard no inventó los MMORPG, por supuesto. Antes de la WoW manía el género ya tenía una gran proyección, desde Dark Age of Camelot hasta Everquest, sin olvidar el revolucionario Ultima Online. Entonces ¿Cuáles han sido los factores de éxito para que la gente asocie los juegos de rol online masivos cono WoW? Precisamente Blizzard. Ninguna compañía había dedicado tanto mimo y extensión un juego de rol, de tal forma que el jugador cada 10 minutos recibe una recompensa positiva que le incita a seguir jugando de una forma adictiva, casi viciosa. Matar y explorar hasta nivel 20. Un poco más, hasta nivel 40. Cuando nos damos cuenta, llevamos 100 horas de juego. De repente, 200. Poco a poco, WoW me absorbe a mi, a mis amigos y a algún familiar: todos queremos jugar juntos. Así hasta convencer a más de 12 millones de jugadores a pagar religiosamente una cuota al mes para jugar. Casi casi sin darse cuenta, Blizzard se embolsa 100 millones de dólares mensuales. El negocio del siglo, sin lugar a dudas.

24 - Devil May Cry (2001, Playstation 2): Hideki Kamiya, uno de los genios que jamás debió dejar escapar Capcom, creó un género ambiguo entre la aventura contemporánea y un
beat em up tradicional. Aunque algunos lo puedan interpretar como la versión de John Woo de Castlevania, el primer DMC ofrecía combates enérgicos, un ritmo brillante y un esquema de juego innovador (que combinaba acción a largas y cortas distancias sin interrupciones) que casi 10 años después, se sigue plagiando sin pudor ni lugar a réplica.

23 - Vagrant Story (2000, Playstation): Aunque Square-Enix terminase atropellando su talento durante los últimos diez años a base de clichés y excesos artísticos (más centrados en vender
merchandising, películas y explotar su clásico FFVII que en producir un juego rompedor), antes de la tempestad, Matsuno creo una
fantasía final en un mundo cargado de dramatismo gótico, un sistema de combate inteligente en el que basaría su FFXII y un contexto mucho más profundo y angosto de lo habitual. Un auténtico clásico que resiste a ser continuado por miedo a palidecer ante el juego original, palabra perdida dentro del diccionario de la última Squaresoft.

22 - Baldur's Gate II (2000, PC): Aunque en boca de muchos últimamente al compararse inteligentemente con Dragon Age, Baldur's Gate II siempre será aquella majestuosidad encerrada en el olimpo de lo imposible. Una obra inabarcable hoy día, por la sencilla razón de que la técnica no está preparada para mostrar con alardes gráficos lo que en este juego funciona tan bien en lápiz y papel. Baldur's Gate II es uno de los mejores ejemplos de la realidad del videojuego en nuestros días y del sacrificio de la profundidad en pos de la belleza.

21 - Prince of Persia (2003, Playstation 2, Xbox, Game Cube): El
reboot definitivo. Aunque nuestro recuerdo de las dos entregas originales seguía en nuestro corazón, la torpísima primera edición en 3D seguía enquistada en un lugar incómodo de nuestro estómago. Las arenas del tiempo es una aventura lineal, innovadora y cinematográficamente elegante, que combinaba unos combates simples con un sistema de plataformas muy espectacular y virtuoso, donde se exigía menos precisión y más el cómo proseguir. Puzzles arquitectónicos, escenarios preciosistas, una historia muy esquemática y que no insultaba a la inteligencia del jugador en un juego aún a día de hoy, a superar tras tres entregas posteriores.
