1 - Portal (2007, PC, Xbox 360, Playstation 3 incluido en The Orange Box)

“Esto es un triunfo” comienza diciendo la canción de los créditos de Portal. No existe juego durante los últimos diez años (y si nos apuráis, desde el videojuego moderno) que ofrezca una experiencia tan inmersiva e impactante.
Cuando Valve puso las manos sobre el proyecto de Nuclear Monkey Software (y aprovechó también para absorber a todos estos genios por descubrir) adaptó la rompedora mecánica jugable de Narbacular Drop (basada en portales que nos mueven por el espacio) a un spin-off del universo Half-Life con su propio ritmo y leyes, un puzzle con formato de aventura donde nada es lo que parece.

La absoluta carencia de información explícita es uno de tantos ejes en Portal. Valve recomienda completar el juego de principio a fin, sin interrupciones (unas 3:30 de juego en total) para experimentar una sensación similar a la que vive Chell, el personaje con el que jugamos que se despierta en un frío y aséptico laboratorio, en el que seremos... una cobaya humana en manos de un robot.
Conceptualmente es fascinante, iconográficamente perfecto. La recta final de Portal hay que vivirla para creerla, un cúmulo de sensaciones donde lo único que sabemos con certeza es sólo podremos escapar con vida mediante nuestras acciones: Un paso más allá en cuanto a narrativa tras Half-Life 2 y un puzzle perfecto.
Portal reúne la experiencia de Valve (que a cada paso que realizan deberían levantar más envidias en el resto de compañías), junto a todos los pilares básicos en los que la mecánica de un videojuego debería apoyarse, consiguiendo salir airoso sin caer en clichés con una elegancia inusual.
Su desenlace te petrifica en el asiento, nunca nadie llegó, en cierto sentido, hasta donde Portal se ha atrevido. Imperecedero y perfecto, Portal es definitivamente, el mejor videojuego del siglo XXI.
