15 - Max Payne (2000, PC): La generación post-Matrix vivió un atracón de secuencias de acción sin personalidad a cámara lenta, pero Max Payne violó cualquier intento de comparación posible adornando el juego de acción más vistoso de de su época con tintes de cine negro y un policía en los límites de la ley con un carisma rebosante al más puro estilo McNulty, mezclando todos los clichés habidos y por haber para eliminar a múltiples delincuentes callejeros a base de tiros en bullet time.

14 - Wii Sports (2006, Wii): No sólo por ser el juego más vendido de todos los tiempos se ganó un puesto de cajón en la lista, si no porque muy probablemente, el futuro de Wii se decidió por incluir este juego en el pack. Era la demostración más concisa y estudiada de las posibilidades del Wiimote y congeló las caras patidifusas de directivos en Sony y Microsoft al comprobar que todos sus millones de polígonos e inversiones masivas en publicidad, palidecía ante el boca a boca del “quiero el juego del tenis y el golf”. Nintendo lleva más años en esto que nadie y como siempre, juegan a otro nivel.

13 - Metroid Prime (2003, Game Cube): La franquicia Metroid nunca fue especialmente querida en oriente, quizás por eso Nintendo optó por cederle eventualmente a Retro Studios, un equipo de Texas el rescate de Samus Aran. Tras Super Metroid poco había que decir: la franquicia ya era un clásico moderno de la sci-fi pixelada, ahora le tocaba dar el salto hacia las 3D con la eficacia de otras sagas de la compañía como Mario o Zelda. Mezcla precisa de exploración, acción y plataformas, respetando toda la infraestructura de Metroid 3 (de hecho los más fieles al juego de SNES lo tildan de un
remake no-oficial) que nos ofrece un entorno orgánico plagado de detalles y completamente interconectado entre sí. Un puzzle gigante donde pese a nuestra soledad absoluta, consigue sumergirnos con cada gota de agua que resbala por el casco de Samus o nueva información recóndita de la flora o fauna que investigamos.

12 - Metal Gear Solid 2 Sons of Liberty / Metal Gear Solid 3: Snake Eater (2002 / 2005, Playstation 2): Son dos caras de un Hideo Kojima desatado en su máximo apogeo como diseñador: en esta década se han visto todas sus facetas, entregado, sofisticado, provocador y con algunas idiosincrasias tan marcadas (capaces de dividir al público y a la crítica) únicamente habituales en genios de renombre.
El segundo acto de MGS2 (donde conocimos, odiamos y después amamos a Raiden), así como ese desenlace en forma de redes de manipulación a gran escala, alucinaciones y giros argumentales disparatados, son el mejor reflejo de hasta donde puede llegar el juego de autor en su máximo apogeo comercial. 3 años después, Snake Eater aportó elegancia y complejidad, evolucionando notoriamente la experiencia jugable (especialmente, con la cámara libre de Subsistance), ambientado durante la guerra fría, dibujando en los seguidores una nueva imagen de Big Boss (conocer el pasado del villano lo transforma en héroe) y para muchos, los mejores diálogos y personajes de la franquicia.

11 - Modern Warfare (2007, PC, Xbox 360, Playstation 3): Un éxito de masas imposible de comprender sin echar la vista atrás y estudiar la generación post 11-S. Aunque presenta la misma mecánica que Call of Duty 3, 2 y 1, una sociedad adoctrinada durante los últimos 6 años a base de vídeos de conflictos armados de infantería, equipaciones de última tecnología y mucho oriente medio, necesitaba una representación en formato de videojuego accesible y directa. MW y sus secuelas baten récords de ventas y participación, generan una auténtica avalancha mediática con cada lanzamiento, pero este cuarto capítulo ofreció una campaña poderosa, cargada de momentos capaces de sobrecoger al jugador con su realismo y crudeza, como durante los primeros minutos, de partida, donde ejecutamos a soldados mientras duermen plácidamente, mientras bombardeamos el exterior de una iglesia sin conocer al enemigo o cuando somos ejecutados públicamente por mostrar algunos ejemplos. Políticamente incorrecto y de moralidad difusa, resulta indiscutible su robustez jugable y el atractivo para el gran público, ávido de adicción, cultivada durante los años a través del terror.
