20 - Wario Ware (2003, Game Boy Advance): El juego portátil de la década. Esta chifladura 100% No-Nintendo es un epiléptico devenir de mini-juegos, tronchantes gracias a sus absurdos collage de imágenes y potenciado con mecánicas mínimas: el minijuego dura en pantalla 4 segundos, uno para asumirlo visualmente, otro para entender los controles, el último para actuar. Una saga que fue re-utilizando los diferentes sistemas de control con los que experimentó Nintendo (pantalla táctil, Wiimote, sensor de movimiento para Game Boy Advance SP), un clásico con una fórmula revolucionaria.

19 - Virtua Tennis (2000, Dreamcast): Haciendo repaso mientras nos refregamos la barbilla... sí, VT es indiscutiblemente, el mejor juego deportivo de todos los tiempos. De sobrecogedora sencillez, recordar la de horas que nuestra Dreamcast (y PS2, y Xbox 360 o PS3...) sufrió nuestros machaques del joystick hacia la dirección en la que la pelota se dirigía a velocidad vertiginosa resulta impensable. Los modos World Tour y minijuegos añadidos son meros adornos: el insuperable equilibrio entre arcade, física de la pelota creíble (que no realista) y su coherente velocidad de juego (caso contrario, Top Spin) lo han convertido en la referencia de videojuego y deporte, demostrando que la fidelidad excesiva, puede terminar ahogando lo esencial: la tensión de juego.

18 - Super Smash Bros Melee (2002, Game Cube): Aunque Brawl puso patas arriba las bases de datos de Nintendo en busca de personajes olvidados, referencias indescifrables y homenajear al jugador de Nintendo, fue este Melee el que desencadenó la obsesión compulsiva por conseguir trofeos, nuevos personajes o escenarios. Las recompensas estaban ajustadas a la perfección, se alzó como el mejor multijugador de su generación y a día de hoy, sigue siendo jugado en torneos internacionales por los más puristas gracias a sus técnicas imposibles y aprovechamiento de ciertos
glich gráficos (argumento con el que tapar la boca a los necios que acusaban falta de profundidad).

17 - Shenmue (2000, Dreamcast): Shenmue se atrevió a explorar un campo ciertamente desconocido para los videojuegos: la vida cotidiana. La obra magna de Yu Suzuki fue incomprendida en su momento, víctima de mofas y envidias, mientras se alzaba como la última bandera azul en una batalla que Sega ya tenía perdida. No tardó en convertirse en juego de culto y orgullo seguero, gracias a la libertad de exploración, el realismo del entorno, la interactividad, el riesgo conceptual y la integración de sistemas como el combate de Virtua Fighter o la forma en la que popularizó los Quick Time Events. El mundo aún sigue llorando/soñando la tercera y última parte de la saga, difícil de imaginar en las actuales circunstancias.

16 - Grand Theft Auto III (2001, Playstation 2): La omnipresente Rockstar no lo era tanto en el 2000, tras los dos magníficos, pero honestamente secundarios GTA. Esta tercera entrega creo un vínculo fiel entre jugadores y mundos abiertos: por primera vez, la sensación de libertad total ofrecía al macarra la posibilidad de atropellar peatones a placer, mientras que el jugador con dos dedos de frente disfrutaba con un desarrollo desproporcionadamente grande, una mezcla de géneros adelantada a su tiempo y un guión fascinante que creció en peso y calidad con cada capítulo posterior: GTA III, no sólo dividió a los usuarios entre jugadores y asnos, creó un precedente definitivo en cuanto al rumbo que un título de grandes dimensiones debe asumir.
