GRÁFICOS - Vampire the Masquerade: Bloodlines -
El motor gráfico es de última generación lo que permite unas caras muy expresivas, totalmente desincronizadas con la voz, lo que combinado con un pelo espantoso en casi todos los personajes, dan un efecto mediocre.
Las texturas tienen puntos de geniales y otros (en el cuello sobre todo) donde se ve que han sido estiradas para ahorrar tiempo.
Hay clipping por todas partes, si llevas el abrigo de cuero puedes ver como tu espalda lo atraviesa. La vista en tercera persona es sencillamente horrible. Te atascas con los objetos al saltar y doblar las esquinas con mucha facilidad.
Hay demasiados objetos indestructibles, puertas inaccesibles hasta que no realizas determinadas misiones.
Las salidas al escritorio del sistema son muy frecuentes, las sombras chirrían bastante y da la sensación de que el motor no estaba muy documentado o en fase de desarrollo, porque comparar este juego con cualquier pantalla del Half-Life 2 es un auténtico sacrilegio.
El modelado de los personajes es bastante bueno, aunque sus sombras no, hay una gran variedad de caras y los modelos femeninos tienden a la exageración.
Además toda la acción transcurre de noche, por lo que es un mundo muy oscuro y aunque los vampiros vean en la oscuridad los jugadores no.
SONIDO - Vampire the Masquerade: Bloodlines -
El sonido por el contrario es bastante bueno, las voces originales son bastante buenas, con acentos muy identificables, cuando hablan en japonés suena realmente a japonés.
Además todos los personajes hablan y mucho, lo que puede ser una lata, se echa en falta la opción de saltar el rollo que te cuentan.
La música en los bares, que a veces suena fuera en vez de dentro, varía en función del bar, aunque se repite mucho.
Armas y explosiones son identificables aunque el surround es bastante malo, no se localizan a los enemigos por el oído como en otros juegos, como el SW Battlegrounds.
Sin embargo todas las armas de filo suenan igual, vamos lo mismo el cuchillo que la espada larga.