INTRODUCCIÓN - Hellgate: London -
Hellgate: London partía de una premisa excepcionalmente atractiva. En un futuro lejano, el mundo (y por extensión, Londres) sería devastado por, simplemente, el demonio y sus secuaces. Evitando todo conflicto hacia el sentido común (planteándonos seriamente si de existir un Dios y un Demonio, podríamos tener alguna posibilidad en una hipotética guerra), armados hasta los dientes, un reducido grupo de humanos oponen resistencia a la extinción más brutal.
Ante todo, el juego de Flagship Studios es un cúmulo de oportunidades interesantes desperdiciadas. Comenzando por el propio concepto de un mundo futuro reconstruido no por alienígenas (Halo, Gears of War y un sinfín) si no como castigo divino. Este planteamiento inicial ha sido desaprovechado hasta el extremo, llevando al jugador a combates sosos y sin personalidad. El juego pertenece a un género en coma, los RPG para PC de la escuela Diablo (recordemos que varios integrantes de Flaghsip trabajaron en la obra maestra de Blizzard), dónde el jugador era partícipe de un universo de forma minúscula, prácticamente anecdótica. Pese a que llegado un punto, en Hellgate: London asumiremos el rol de salvador todopoderoso, de forma inicial y hasta bien avanzado el argumento, somos sólo otro marine en busca de supervivencia y victoria.
El arte del juego es vulgar. Visualmente se muestra desfasado (sin llegar a extremos ridículos) pero su diseño gris, desolado, inerte es, curiosamente, el más utilizado en la actualidad, con lo que las carencias técnicas son mucho más visibles cuando las comparaciones con sus rivales son tan evidentes. El juego se dibuja mediante una introducción CGi dónde promete valores de honor, sacrificio y emocionales, que desaparecen completamente durante el transcurso del juego para centrarse en lo que es: un RPG de corte clásico donde el combate lo es todo.
Aunque la verdadera gran lacra real del juego es su propio concepto. Un juego de las características de Hellgate: London no se puede permitir patinar, ni siquiera en fracasar de forma leve, ya que la desproporcionada cantidad de horas que exige al jugador para disfrutar de forma plena del contenido del mismo es muy cuestionable: tener un título por delante de más de 100 horas (o el doble si jugamos online) dónde ni destaca ni profundiza, hace cuestionarnos muy seriamente buscar en la competencia.