GRÁFICOS - Vietcong 2 -
Siendo detallados en el análisis gráfico, o tal vez críticos, lo que primero podemos aseverar al observar las primeras pantallas del juego es que luce desfasado o anticuado si tomamos como parámetro lo visto en los últimos tiempos. Parece como si fuera programado unos cuantos años atrás, situación que confirmo al ver los requerimientos mínimos, donde sólo se nos pide DirectX 8.
Las texturas no poseen en general mucho detalle, ni aún en el punto máximo. Algunas están bastante bien, como las maderas de los interiores, los escombros, los empedrados de calles y edificios, los metales de armas, etc. Pero otras dejan bastante que desear, como es el caso de las plantas y árboles, que no dan sensación de ser en tres dimensiones, sino más bien lucen como figuritas de papel pegadas en el escenario. Otro tanto ocurre con los vehículos, carentes sus partes metálicas de brillos y texturas, que dan la sensación de estar construidos de plástico o cartón en vez de chapa.
A diferencia del polvillo (bastante creíble) y en menor medida del agua, los demás efectos gráficos brillan por su ausencia, o se ven como caricatura, tal el caso del fuego ya sea en incendios o proveniente del disparo de las armas. La sangre de las heridas y cadáveres más parecen dibujos infantiles a crayón que líquido vital.
Inexplicablemente, se nos pide una tarjeta gráfica con Shader 2.0 para poder ejecutar el juego, pero el hecho de no utilizar DirectX 9 explica en parte esta carencia.
Esta limitación está presente en la interactividad, o mejor dicho en la falta de la misma. Salvo casos muy puntuales que dependen del objetivo de las misiones, es muy poco lo que podemos destruir a base de disparos o explosiones. Como ejemplo, solo podremos destruir una pared con una bomba de tiempo en el lugar que el juego nos mande. Por más que coloquemos una docena en otro sitio, no ocurrirá absolutamente nada. Si queremos vaciar el cargador de la ametralladora sobre un vehículo, éste quedará intacto ante los disparos y muchas veces ni siquiera explotará. Como en el caso anterior, si el objetivo es destruir tal o cual vehículo, éste si será susceptible de daño.
En contrapartida, el daño implementado en los personajes está bien logrado, con zonas muy marcadas. Un certero disparo en la cabeza es garantía de baja inmediata, y teniendo en cuenta la escasez de municiones y la elevada dificultad del juego aún en “muy fácil”, esto es un punto a tener en cuenta. Claro que esta consideración también va para nosotros, así que mejor a cubrirse bien si no queremos que nos manden a casa en una bolsa de plástico.
El comportamiento de los objetos en lo relativo a la física es muy mecánico y son pocas las situaciones creíbles, las cuales se dan en el caso de los cuerpos humanos, que si bien es elemental se han visto peores.
Independientemente de las limitaciones gráficas que acabo de enumerar la ambientación es muy realista, tanto en interiores como en exteriores. En el primer caso, a pesar de un mobiliario básico y elemental, se vive el ambiente de austeridad del interior de nuestra base, o de lujo en la alcaidía de la ciudad, por solo mencionar un par de casos. Contribuye a ello la iluminación variada y muy estudiada según el caso del que se trate: tenue y difusa en el burdel, pareja y un tanto más intensa en la base.
Pero donde el juego se luce verdaderamente es en los exteriores, donde el modelado de los edificios nos muestra la arquitectura típicamente oriental de la época, con figuras cuadradas y techos de chapa en los barrios, o estructuras redondeadas en los templos. La desolación se siente a cada palmo, con casas destruidas por doquier y escombros desparramados a diestra y siniestra. La crudeza de este triste paisaje urbano es una muestra más de lo que se vivió por aquellos años en Vietnam.
El modelado de los enemigos es excesivamente repetitivo y aunque las animaciones cumplen holgadamente su trabajo, al poco rato de jugar nos cansamos de ver siempre las mismas caras, con el agravante de que el vestuario es prácticamente idéntico en los Vietcong. Este punto es muy mejorable, pero tal vez los desarrolladores se hayan basado en el pensamiento popular, que reza “que todos los orientales son iguales”, por lo menos desde el punto de vista occidental. En nuestros compañeros de armas y personajes secundarios la situación es francamente opuesta. Disponemos de muchos más modelos y mejores animaciones y movimientos. La variedad de rostros y expresiones nunca llega a cansar.
Aunque he leído en otras páginas colegas críticas referentes a la optimización del juego, en mi caso no he experimentado ningún problema, salvo unos pocos casos puntuales. Desconozco si es por el hecho de que el juego “se acomoda” a cada sistema, o que mi PC funcione demasiado bien, pero lo cierto es que ha ido suave la mayor parte del tiempo incluso con muchos de los detalles y opciones gráficas al máximo.
SONIDO - Vietcong 2 -
La banda sonora de Vietcong fue uno de los puntos fuertes en la primera entrega, y en esta ocasión la situación se repite, afortunadamente. Temas bien de época que evocan el espíritu típicamente norteamericano de patriotismo y devoción. Las piezas musicales nos meten de lleno en los turbulentos años sesenta y logran una ambientación suprema. Aunque la música original del juego es correcta, los temas incluidos se llevan la palma y ponen el listón bien en alto, sentando precedente en lo que a ambientación sonora se refiere.
Los efectos sonoros, aunque no tan descollantes como los temas musicales, están en sintonía con el correcto apartado sonoro. Los efectos de las armas suenan reales, pero los sonidos de los pasos al caminar y de las caídas de objetos y demás son escasos y no suenan tan naturales como el del fuego de las armas.
A pesar de tener pocas líneas de diálogo que relaten la historia, las actuaciones sorprenden por su naturalidad y carácter. Se notan los tonos enérgicos de las órdenes de nuestros superiores o el pedido de auxilio desesperado de los civiles o aliados en peligro. Quedan en deuda los soldados vietnamitas, de frases escasas y muy repetidas.