INTRODUCCIÓN - Chicken Little -
Como sucede desde hace muchos años a esta parte, la gigantesca empresa de entretenimiento infantil Disney nos presenta todos los años una nueva película protagonizada por simpáticos personajes, en su mayoría animalitos, para el deleite de los más pequeños (y algunos no tanto).
Las historias son en su mayoría previsibles y un tanto parecidas entre sí, pero los niños no se fijan en ésas cosas, ellos solo piensan en divertirse. Y el pollito que ve caer pedazos de cielo y extraterrestres y que nadie le cree, es protagonista de esta tierna historia que refleja los más cálidos valores morales.
El entretenimiento (y de paso el comercio), tienen que estar presentes en todos los ámbitos, y es por esa razón que con cada nueva película de animación que se estrene, lo haga en simultáneo con videojuegos, en todas las plataformas actuales de forma que estén presentes en la mayor cantidad de hogares posibles.
Con Chicken Little reviviremos en nuestras consolas y PC las aventuras del simpático pollito de grandes gafas, recordando momentos memorables del film homónimo.
En el caso específico del juego que nos toca analizar en esta oportunidad, se utilizan momentos de la historia de la película para producir situaciones similares en el juego, intercalándose entre fases fragmentos del film que ayudan a llevar un relato. Seguramente más de uno de nosotros se habrá imaginado niveles del juego mientras miraba la película en estos momentos citados.
El juego está planteado como un típico plataformas en tres dimensiones, con sus saltos, secretos, desbloqueables y enemigos repetitivos de extremada facilidad para derrotar. Hay fases diferentes a éstas, en donde debemos correr alocadamente a través de las aulas de la escuela o jugar entretenidos mini-juegos.
La facilidad es una constante en todo este tipo de juegos, porque obviamente están pensados para que un público de muy corta edad los pueda disfrutar sin complicaciones.
Técnicamente dista mucho de ser una maravilla, pero cumple su cometido de entretenimiento un tiempo que se nos antoja a los mayores demasiado corto.