Cuando uno comienza a jugar por primera vez a Starcraft II entiende dónde están los 100 millones que Blizzard presupuestó para este proyecto. Están en el futuro. Uno no construye dos tipos de motores para un mismo juego, sólo para usar uno de ellos en las secuencias in-game, mientras la parte de juego en sí sigue siendo la evolución lógica de la estrategia. Lo hace porque sabe que lo que tiene entre manos debe durar prácticamente lo mismo que World of Warcraft, y así lo hará. Durante los años que están por venir, veremos las dos campañas que sucederán a Wings of Liberty con los Zerg y los Protoss, y cuando el núcleo de usuarios haya exprimido el juego al máximo estarán listos para dar el salto al Universo Starcraft, el evidente MMO. Ahí están el nuevo motor gráfico y los cien millones.
En cuanto a Wings of Liberty, el golpe de efecto está conseguido. Una especie de nostalgia de aquellos que no siguieron jugando al primer título durante los últimos doce años se une a la magia de una campaña que te sorprende en cada misión y en cada secuencia. Todo es nuevo y clásico a la vez. Y no se puede excusar con la jugabilidad clásica cuando, prácticamente, de las 25 misiones que dura la campaña, no repetiremos la tónica de administra, construye y ataca la base enemigo. En vez de eso, tendremos operaciones de asalto, atacaremos trenes, nos defenderemos hasta el final... todo para potenciar cada una de las tangentes jugables que permite este ajedrez.
La historia ha ganado enteros, también, si es que eres del tipo de jugador de Starcraft que le interesa. Está muy centrada en la rebelión de Jim Raynor contra Mengsk, por las traiciones que este comentió en Tarsonis y el abandono de Sarah Kerrigan, dejándola a merced de los Zerg, lo que convertiría a esta en la Reina de Espadas. De manera espectacular, Blizzard ha conseguido unir cada misión con un paseo por nuestro centro de mando, donde la jugabilidad muta a ese estilo aún más clásico de los Wing Commander III y IV y Privateer II, donde entre misión y misión podíamos hablar con el resto de los protagonistas de la historia, simplemente para charlar o para ampliar nuestros conocimientos sobre la situación en la que nos encontramos.
Blizzard ha sido lista. Ha conseguido dividir el ego de los jugadores y reorganizarlos según sus gustos, pero serán los ávidos de guión y estrategia los que disfrutarán el conjunto. No es que la historia de Starcraft sea un ensayo de la condición humana (en el fondo, es una historia de vaqueros espaciales), pero tiene ese estilo Blizzard tan característico; sabe cuando meter los coros, cuando hacer notar la debilidad de sus personajes y, sobre todo, tiene a Kerrigan. Un golpe de efecto que cautivó a millones de usuarios hace 12 años al transformarla en la Reina de Espadas y que plantó la semilla de todo lo que pasa y pasará en Starcraft II. Una Kerrigan por la que gira todo.
Ficha técnica
Salida: 27-07-10 Edad (PEGI): +16 Precio: 59,90€
Zeratul protagoniza uno de los momentos más épicos
Algunas misiones serán en solitario
La cantina. Posiblemente, el mejor lugar de la galaxia
Todo en Starcraft II es variado, en esta misión habrá que romper estas puertas con un rayo.
Los tanques de asedio funcionan perfectamente tanto a la ofensiva como a la defensiva