Qué mejor manera de empezar a hablar de Torchlight que presentando a sus autores: los chicos de Runic Games. Este estudio, debutante en la práctica, cuenta en su haber con algunos de los programadores que en su día desarrollaron las dos entregas de una saga imprescindible: Diablo. Y, ciertamente, su nueva obra sigue esa línea, manteniendo todas las características del clásico RPG y apostando sobre seguro, por así decirlo. Una fórmula muy repetida, pero que a día de hoy continúa teniendo muchísimos seguidores y siendo sinónimo de diversión.
Torchlight es, aparte del nombre del juego, el lugar donde comienza esta épica aventura. Una pequeña población minera especializada en extraer un peculiar mineral llamado Ember. Esta sustancia, deseada por muchos, termina por resultar una maldición para el pueblo, y nuestra misión consiste en resolver todos los misterios que se ocultan realmente tras ella. Con todo, no esperéis una historia especialmente profunda o unos acontecimientos argumentales sorprendentes, porque, a pesar de su innegable sabor épico, los sucesos apuntan sólo a una dirección: dar el pistoletazo de salida a la vieja fórmula de mazmorras y enemigos.
Y es que, lejos de innovar lo más mínimo, Torchlight se conforma con ofrecer un desarrollo, ya decimos, muy conocido. Básicamente hay que recorrer infinidad de niveles (que se generan de manera aleatoria, para ánimo nuestro a la hora de entrenar) y acabar con los enemigos que hay en ellos. Al hacerlo, se aumentan los puntos de experiencia (derrotando monstruos comunes) y de fama (venciendo jefes finales). De esta forma se pueden mejorar los atributos de nuestro personaje.
Para ello, al principio de la partida hay que elegir entre tres tipos de héroe: Destructor, Conquistadora y Alquimista. Todos comparten la mayoría de sus posibilidades, pero cada uno está especializado en algo: el típico guerrero en la lucha cuerpo a cuerpo, la “amazona” en ataques lejanos y el mago de turno en hechizos e invocaciones. Esto no quiere decir, por ejemplo, que si elegimos al primero de ellos no se puedan realizar magias, ya que es factible desarrollar a cada uno en la línea que queramos, salvo, como hemos dicho, por algunas peculiaridades.