Análisis de Dragon Age: Origins
Imaginaros esto por un momento. El intendente de un campamento que está dispuesto a la guerra ha perdido a su criada. Y, nosotros, que estamos a punto de entrar en esa guerra mientras nos iniciamos en una nueva orden de guardianes legendarios, ¿qué hacemos? ¿La vamos a buscar? Por supuesto que no, BioWare no lo permitiría. Y te lo dice con todas las letras a través del citado intendente: “No, por favor, no quiero tenerte de recadero”.
Esto, que para muchos puede pasar como un diálogo sin importancia de los miles y miles que hay en la aventura, supone toda una declaración de intenciones para un estudio moderno como la compañía que tenemos entre manos. Se trata de respeto al jugador, de no tomarle por un mero títere de las circunstancias. De no mandarle a realizar tareas insustanciales que le animen a dejar la aventura a medio camino sin concluir. Al y fin y al cabo, los juegos están para terminarlos, incluso los más largos.
Partiendo de esta base, y de muchas otras que iremos explicando en lo que resta, es como esta compañía creadora de leyendas fantásticas y de operas espaciales de la ciencia-ficción engatusa al jugador con un hilo argumental que lidia con alejarse de los tópicos utópicos, de la no suspensión de la incredulidad y de todas esas historias tan planas como las hojas de papel donde se escriben. Dragon Age es un juego trabajado a lo largo de un proceso de cuatro años y un equipo de guionistas que tuvieron momentos brillantes desde la primera línea de diálogo.
En cierto sentido, Dragon Age no difiere tanto, como cabe esperar, de otros juegos de la compañía, con mundos tan trabajados que plantan sus raíces en una tierra fermentada de historia, religión, creencias y tradiciones. A veces con su propio lenguaje, forma de hablar y acentos regionales. Todo esto, que ya pudimos ver en Mass Effect, por ejemplo, aparece de nuevo y bajo la misma fórmula ganadora, haciéndonos al principio cientos de preguntas para terminar entendiendo perfectamente el contexto. Es lógico, el mundo no ha nacido con tu personaje, sino es éste quien tiene que adaptarse a él y a lo que le rodea.
Lo mismo sucede con sus personajes secundarios, casi más trabajados que nuestro propio personaje principal. Sean de la clase o no, son todos bardos y juglares de la palabra, que no dudarán en ningún momento en contarnos su vida como si fuéramos los camareros de una taberna, siempre que les dejemos. Y ahí está el secreto. Lo veas o no, toda esa profundidad termina teniendo un peso incalculable en el jugador, únicamente inhibido por la capacidad de dejarse llevar por su propia imaginación – la esencia y la etimología de la palabra ROL con todas sus letras – y que nos hace coger cariño a nuestros compañeros, enfadarnos con algunos de ellos, como lo haríamos con un amigo con el que tengamos una disputa y, por supuesto, por encima de todas las cosas, enamorarnos de Morrigan. Ever.
He aquí un punto a debatir. A diferencia de la última gran aventura de BioWare, Mass Effect, volvemos a estar malditos por esa enfermedad de mutismo donde nuestro personaje es capaz de transmitir todas sus emociones sin oír ninguna palabra. Tiene su punto positivo, también, como, por ejemplo, que las implicaciones emocionales pueden llegar a ser más propias del jugador que del personaje mismo, pero no hablaremos de Cousland, en el caso de escoger al noble humano, como lo haríamos del comandante Shepard. A nosotros, personalmente, nos saca de contexto con demasiada frecuencia, sobre todo porque los diálogos, aunque ingeniosos como pocos y profundos, no vienen acompañados con un juego de planos cinematográficos tan bien planteados como la propia compañía nos ha malacostumbrado; movimientos y poses en medio de las conversaciones, como apoyarse en una barra para hablar con el camarero o dar un puñetazo en la cara acompañado de una frase violenta, son detalles impagables que no veremos aquí.
Ficha técnica
NOTA FINAL: 9
Salida: 05-11-09
Edad (PEGI): +18
Precio (€): 39,95€

Maduro. Lleno de magia y carisma. Una obra para el recuerdo.

De los engendros tenebrosos da todo miedo menos el nombre

Eligió… mal

Exacto. Es una perra de la guerra.

Los ogros son muy peligrosos. Ojito con acercarte sin más.