JUGABILIDAD - Hard to be a God -
“Hard to be a God” posee una jugabilidad bastante directa e intuitiva. Con el ratón elegimos la dirección hacia la que queremos movernos (cámara) y el tipo de ataque que queremos utilizar. Con el teclado controlamos los accesos rápidos y los movimientos del personaje.
En este título podemos utilizar caballos en las batallas, lo que resulta de lo más gratificante. Además, existen varios tipos de monturas según la función que queramos darlas: rápidas, resistentes… No obstante, luchar y moverse sobre el caballo requiere de mucha práctica. No es un sistema sencillo y resulta cargante.
Además, las luchas son siempre tan similares entre sí que acaban aburriendo tanto a caballo como en el suelo. Esta claro que lo que engancha al jugador es la historia, no los retos en combate.
Se echa muchísimo en falta, teniendo en cuenta que estamos ante un juego de rol, la posibilidad de personalizar el aspecto y habilidades de nuestro protagonista. Todo nos es impuesto y nuestras únicas posibilidades son ir haciéndole evolucionar a nuestro antojo. Pero su cara, sexo, etc. No puede cambiarse con nada excepto con la ropa.
Aunque, como decíamos, los atributos pueden adjudicarse a nuestro gusto, hay poca variedad de habilidades y especializaciones. Eso sí, el juego cuenta con un enorme número de armas, que compensa la falta de posibilidades reales. Por desgracia, alguna de las armas son más un adorno que otra cosa: el arco es bastante aburrido de utilizar y el escudo no aporta ninguna ventaja (podemos parar un golpe, con la misma efectividad, con una simple espada).
En general el juego nos otorga cierta libertad en el orden que queremos ejecutar las acciones. No es ninguna maravilla, pero consigue que el jugador no se sienta encerrado. El problema es que el mundo está delimitado por unas fronteras terriblemente irritantes que nos hacen sentir como una oveja en el redil.
Es interesante un nuevo concepto que aporta el juego: los disfraces. El jugador irá consiguiendo a lo largo de la aventura un gran número de vestimentas que le ayudarán a pasar desapercibidas entre los ladrones, los monjes, los guardas, etc. Si nos presentamos vestidos como un ladrón a un oficial, este nos atacará como si fuéramos un forajido. El problema es que estos disfraces copan la mayor parte del inventario y dejan poco espacio para el resto.
Los defectos en el apartado de jugabilidad surgen de la imprecisión del juego, culpa del descontrol en las luchas, inventario, habilidades, etc. Pese a todo, el apartado cumple un papel aceptable, sin destacar en nada.
DIVERSIÓN - Hard to be a God -
Diversión siempre es un concepto subjetivo, pero en este título posiblemente lo sea aún más. En este caso depende mucho del tipo de jugador.
Probablemente será decepcionante para un empedernido del rol que no está dispuesto a admitir un juego que no cumple las maravillosas posibilidades de los grandes títulos. Para este tipo de jugador cada escenario será un insulto a la memoria de los grandes juegos del género, y con razón.
Pero para aquel usuario que no tiene prejuicios y que está dispuesto a adoptar un punto de vista más modesto, sin comparar “Hard to be a God” con nada, descubrirá que el juego aporta una muy interesante historia y acción suficiente como para no abandonar a mitad, todo englobado en un ambiente bonito y resultón.