Avance Divinity II: Ego Draconis PC

videojuegos
Divinity II: Ego Draconis
Escrito por Alejandro Pascual, el 20/10/2009.

Avance de Divinity 2: Ego Draconis

Entre un luchador y otro siempre ha habido una eterna diferencia. Mientras que uno de ellos basa su potencial en la fuerza el otro lo hace en la agilidad. Siguiendo con la comparativa, podríamos decir que Divinity II es un luchador ágil en todos los sentidos. Juega con el terreno como ningún otro juego de rol lo hace. Y juega con él desde todas las perspectivas. Adora la verticalidad tanto como la horizontalidad.

Normalmente en un RPG, te sientes abrumado por el entorno. Es éste una gran masa de bosque y piedra que se cierne sobre ti, que te oculta los caminos e impide que tu travesía sea en línea recta. De esta manera, puede jugar contigo, hacerte trampas, colocar enemigos terribles y obligadas mazmorras por las que pasar para que el héroe suba de experiencia mientras es controlado con cautela.

Imagina entonces dominar tú el propio mapa, elegir cómo de dura va a ser tu aventura. Casi recuerda a MMOs como World of Warcraft donde los creadores nunca te dirán dónde tienes que ir; serás siempre tú quien se retire poniendo pies en polvorosa. Si eres de los que se sienten desorientados con todos estos mundos abiertos que ofrece el género, prepárate entonces para hacer un esfuerzo extra. Las recompensas de Divinity vienen dadas de tu habilidad para razonar sobre la orografía del terreno y aceptar tus carencias. El juego no hace más que reírse de ti una y otra vez por haber administrado mal tus habilidades, tus puntos de experiencia y tus encantamientos. Beberás más pociones que un borracho en un bar; perderás dinero por simple desconocimiento de las reglas y darás vueltas y vueltas abrumado por los objetivos.

Pero todo lo que el desarrollador nos quita, también nos lo da. Todos los errores que, como jugadores humanos que somos, más basados en lo bonito de la ornamentación del arma que en las propiedades circundantes, cometemos, nos es devuelto con la posibilidad de replantear toda nuestra estrategia a cierto nivel de progreso. Aunque no todo es así.

Lo humano de Divinity II es que, en su planteamiento de juego enfermizo centroeuropeo, olvida que los jugadores están malacostumbrados. Que cada vez necesitan más de brújulas, flechas gigantes y baldosas amarillas. Y, en vez de enseñarles, les da con vara de hierro. No hay manera de realizar un rastreo de nuestros objetivos porque no vienen reflejados en un mapa minimalista que sólo te indica las salidas y las entradas a mazmorras. Es posible poner banderas de señalización donde queramos, pero sin la posibilidad de escribir qué estamos señalando son tan explicativas como las del Buscaminas.

Lo divino de Divinity II es que, como su nombre indica, no mantiene los pies en el suelo. Su objetivo es elevar el listón cada vez más. Así, es imposible definirlo en globalidad, y únicamente dividiéndolo en partes puede llegar a comprenderse el todo. Al principio apreciaremos sus bellos entornos, su inmensidad y su justicia con las armas. Enseguida el juego te empuja una y otra vez obligando a que te levantes y prestes atención a todos sus árboles de habilidades. Luego se divertirá contigo haciéndote tomar decisiones morales mientras cumples misiones secundarias. Y cuando crees que has dominado Divinity aparece la torre de Batalla y éste se retuerce para convertirse en otra cosa. En un dragón.

Llegar a la torre de Batalla es como llegar a tu casa después de un mal día. Y, de repente, te sientes cómodo. La pausa es tan larga que la inercia quiere que sigas adelante. Pero no lo hagas, ponte cómodo de verdad y disfruta de todo lo que esta maravillosa torre te ofrece. Si no has prestado demasiada atención a algunas de las habilidades que el juego pone a tu disposición, es momento de dominarla. ¿Eres un freak de todo lo que venga líquido y en frasco? El jardín de alquimia es fundamental. Si te sientes solo podrás crear una criatura tan horripilante como letal mediante un nigromante fuera de sus cabales. Nada como la pasividad de tener tus armas y armaduras bañadas en hechizos y no preocuparte por nada más que asestar un golpe tras otro a tus enemigos. Ve al taller. ¿Quieres ponerte serio de verdad? Eleva aún más tus habilidades entrenando con tu instructor.

En realidad, la torre de batalla no es más que un acceso directo. Es una manera de no tenerte distraído haciendo todo lo que ya has aprendido. Ahora eres un verdadero Caballero Dragón y es momento de que la plebe se ocupe de tales menesteres. Tú tienes un mal mayor que matar, así que salta desde el acantilado más alto y contempla cómo tu personaje de juego de rol occidental, con su brillante armadura, se convierte en un dragón de verdad y en un juego que quiere bailar en una categoría diferente. Un juego de dragones.

Divinity II está dividido en mapas gigantescos, pero no es un mundo completamente abierto. Cuando lleguemos a los fiordos tendremos la prueba de fuego. La verticalidad es máxima. Tal que nunca se ha visto un RPG que posea un terreno tan escarpado; y complicado. El juego se convierte en una lucha continua contra el mapa intentando no dejar nada por hacer. Como dragón sobrevolaremos todo el terreno con rapidez, pero todos los enemigos terrenales que sentirían la furia del dragón se esconden a nuestra transformación, por lo que ser tan poderoso no nos servirá de nada. ¿Daña esto nuestro corazón destructor? Sí, pero es una necesidad jugable. Y es que para hacer frente a nuestra forma draconiana tendremos otro tipo de enemigos, como monstruos alados u otros dragones, así como diversas estructuras que destruir, por lo que no todo será pan comido.

Tras más de 30 horas con Divinity II la experiencia ha resultado satisfactoria. El Valle Quebrado, el mapa inicial del juego, nos devolvió la nostalgia del buen RPG; la Torre de Batalla, un respiro agradable; los Fiordos de Orobas, un nuevo tipo de juego. Pero, ¿qué nos espera más allá? Las plataformas de Batalla son escenarios que mezclan las fases de dragón con el juego tradicional, pero su esencia demoníaca no termina de atrapar al jugador como lo hacían los anteriores territorios.

Aún es pronto para dar una conclusión definitiva sobre Divinity II, pero hemos quedado absorbidos por su sistema de juego. Es uno de esos títulos en que piensas: “No debería jugar ahora”, y tres horas más tarde te das cuenta de que estás atrapado en su amplio mundo. En Divinity II, siempre hay una tarea pendiente por hacer, y esa es la gracia y la grandeza del género, el cual Larian Studios ha demostrado saber dominar a la perfección.
Divinity 2: Ego Draconis
Ficha técnica

Salida: 30-10-09
Edad (PEGI): +12
Precio (€): 39.95€
Divinity 2: Ego Draconis
Nuestras impresiones más allá de la Torre de Batalla
Divinity 2: Ego Draconis
Oye, ¿a ti no te he visto en la otra aldea?
Divinity 2: Ego Draconis
Algunas armaduras nos harán parecer soldados romanos
Divinity 2: Ego Draconis
Ese hombre no nos ha descubierto a lo Metal Gear. Sólo quiere algo de nosotros…
Divinity 2: Ego Draconis
El hombre sentado nos permite cambiar nuestra apariencia… y nuestro sexo…
Divinity 2: Ego Draconis
No sólo nos quedaremos con la torre de nuestro enemigo. También nos quedaremos con su ex-mujer.
Divinity 2: Ego Draconis
“Exacto, llevo una espada de cinco metros en la espalda”
Divinity 2: Ego Draconis
Las armaduras son bastante variadas. Pero tampoco esperéis un Oblivion.
Divinity 2: Ego Draconis
El juego cambia mucho desde nuestra perspectiva de dragón
Divinity 2: Ego Draconis
Una de las consecuencias de hacer gárgaras con gasolina
Divinity 2: Ego Draconis
Tranquilo, perrito. Pronto serás mi mascota