INTRODUCCIÓN - The Legend of Zelda Phantom Hourglass -
Si existe una saga que pueda simbolizar todos los logros y virtudes de la trayectoria creativa a lo largo de los años en Nintendo, es sin duda alguna Zelda. La prolífica saga, que ha cumplido recientemente 20 años desde su primer título en NES, ha visitado todas las plataformas de Nintendo imaginables, normalmente creando un referente en cada una y reinventando continuamente no sólo el concepto de aventura y RPG de acción si no los parámetros jugables estipulados hasta el momento.
Si hubo un capítulo polémico en los últimos años de la saga Zelda, ese ha sido The Wind Waker para Nintendo Game Cube. Reformando el aspecto visual, dejando el estilo realista y sobrio de anteriores entregas para reafirmarse en un paisaje colorido, brillante, más cercano a una película de animación del genio Hayao Miyazaki que a lo que Nintendo nos tenía acostumbrados. La reacción del público fue dispar, creando una nueva base de fans a favor de este estilo (denominado toon-shading) y otra aun reacia. Disputas a parte, Wind Waker resultó ser un juego fresco, bello, con personalidad, sublime. Lástima que una producción muy limitada a la fecha de publicación derivase en un desarrollo cojo, con múltiples desequilibrios, como el concepto de navegación, escasez de mazmorras, dificultad mermada y una recta final de juego desastrosa.
Magia, aventura, épica y misticismo, la saga The Legend of Zelda ha ganado gran cantidad de adeptos al o largo de los años, un público fiel y experimentado. De echo, pese a resultar como es previsible una saga de éxito, la proporción de presupuesto empleado respecto a otros títulos de mayor éxito no es coherente, ya que estos son normalmente los más altos de Nintendo, llegando a necesitar más de tres años de desarrollo para cada título. Aunque resulten rentables, sus ventas no tienen comparación con las de otros títulos de producción más humilde, remitiéndome a ejemplos actuales como Wii Sports o Brain Training. La saga va perdiendo gancho de cara a los nuevos consumidores, ya que la auto-referencia parece ser en cada entrega más acentuada y el esquema de juego varía de forma leve. Desde la base establecida en legendario Ocarina of Time, no se ha vuelto a dar un verdadero golpe de efecto en la saga, que, aunque los fans no lo necesitasen, el público menos experimentado (entre ellos, los nuevos usuarios de sistemas Nintendo, tras la revolución mainstream) veía la interface abrupta, imprecisa y demasiado compleja.
Hasta ahora podían diferenciarse dos tipos de capítulos de la saga Zelda, los de corte y desarrollo tridimensional o bidimensional. Los segundos, desde la revolución poligonal se han visto relegados casi en exclusiva a las consolas portátiles (sin menospreciarlos ni por asomo). Esta entrega planteaba un nuevo tipo de control (exclusivamente táctil) un entorno gráfico tridimensional pese a continuar con el desarrollo cenital popular en los Zelda en 2D.
Es aquí, por fin, dónde Nintendo ha encontrado un sabio equilibrio. No sólo logra traspasar una de sus sagas más ricas y complejas a un formato portátil, si no que se perfila como un nuevo clásico en todos los sentidos, tanto para la franquicia como para la popular portátil.
En esta entrega, el guión no será precisamente el punto más destacable, resultando ser anecdótico y más bien una excusa para jugar (deliciosa excusa añado). La historia nos lleva justo después de los acontecimientos ocurridos en The Wind Waker. Surcando los mares en busca de aventuras, Tetra será raptada por un misterioso barco fantasmal. Nuestra misión será rescatarla, lo cual no será tarea sencilla ya que necesitaremos resolver enigmas a lo largo y ancho del mapa.