GRÁFICOS - Bubble Bobble Revolution -
Cuando analizamos un juego retro, el tópico es restar importancia a este apartado dando por supuesto el daño que la huella del tiempo otorga a cualquier creación con más de una década. En este caso, la nueva versión intenta centrarse en la jugabilidad en detrimento de un nivel visual aceptable, pero se queda a años luz de lo que Taito consiguió en 1985 tanto a nivel gráfico como lúdico.
Dicho esto, cabe señalar que la calidad visual de BB Revolution no está a la altura de los nuevos tiempos. En realidad, el diseño es similar al de la versión antigua pero añadiendo efectos de falso volumen a los personajes y burbujas. Estas últimas no muestran cambios lumínicos respecto a su posición, no tienen efectos de reflexión de luz y son completamente planas, únicamente aquellas que contienen algo en su interior presentan dos frames distintos que se van alternando.
Los personajes también son bastante sencillos con un modelado 2D que aprueba por los pelos. Los diseños son simpáticos, pero pierden la gracia infantil de su predecesor y las animaciones brillan por su ausencia. Los enemigos de final de fase son de mayor tamaño, pero simples e inferiores a cualquier rival de Mario. Hay más monstruitos, pero parecen todos iguales y mantienen los patrones de ataque y el aspecto de la versión retro.
Si los programadores han querido representar unos fondos verosímiles o algo similar, no lo han logrado ya que son pobres y difuminados. Tampoco son excesivamente coloristas y pasan completamente desapercibidos. Si en la versión original el juego se componía de dos planos (el primero de plataformas basadas en la repetición de un módulo simple con diferentes formas y un segundo plano monocromo de color negro) en la nueva se mantiene este mismo patrón con la novedad de la policromía en los fondos. Es una pena que no se haya desarrollado más este tema, ya que el aspecto visual general habría ganado en calidad y estética.
Las animaciones y efectos de fuego, agua o rayos, son simples y van en detrimento del ritmo de juego. No hay explosiones y las burbujas parecen desvanecerse en vez de hacer el “pop” característico. No hay efectos de iluminación aparentes ni sombras y las texturas son flojas.
Por otra parte, el juego pretende aportar ciertos “efectos atmosféricos”, ya que conforme pasa el tiempo en una fase, el cielo se va “nublando” y en las plataformas aparece “hielo” que, en teoría, dificulta la labor de nuestro protagonista. Digo pretende, porque estos efectos no se aprecian y visualmente son inaportantes.
El motor gráfico es correcto y los personajes se mueven con bastante fluidez, aunque el protagonista pesa demasiado. En este sentido, la versión clásica está muy cuidada y todos los elementos se mueven de un modo sobresaliente aportando un ritmo sensacional.
En resumen, juegos como
“Puzzle Bobble”, son visualmente mucho más atractivos, simpáticos y fieles al espíritu original del universo Bubble Bobble.
SONIDO - Bubble Bobble Revolution -
Este es uno de los aspectos más pobres y decepcionantes del juego. Si bien técnicamente intenta aprovechar las cualidades de la máquina logrando un estéreo aceptable, la composición es un remake de los temas originales pero pasado por el pasapurés temporal. La gracia que presentaban las melodías de la versión de 1985, se pierde al tratar de aportarle un aire nuevo y supuestamente renovado que suena a marcha militar napoleónica. En este sentido, le sucede lo mismo que a los gráficos y es que parece que las lavadoras “revolucionadas” siempre terminan por estropear las mejores prendas.
Cuando una melodía deja de ser algo intrascendente para llegar a convertirse en el himno de una generación, el mayor error que se puede cometer es el de intentar versionearla dándole ese toque tecnológico-orquestal con múltiples canales de sonido que hace que suenen igual de insustanciales todos los juegos de una máquina. Al igual que sucede con las bandas sonoras de las grandes películas, lo correcto es “homenajear” la composición original empleando algún leitmotiv que rememore los momentos del pasado pero sin caer nunca en el refrito con aceite rancio de todo un clásico.
Por suerte para el jugador, siempre puede poner la versión retro y escuchar una y otra vez la melodía original que, en este caso, sí que se mantiene fiel a su origen y no ha perdido ni un ápice de frescura y vitalidad.
Por otra parte, los nuevos temas compuestos para los menús de presentación son bonitos, agradables y marchosos. Se trata de calipsos (es decir, ritmos tropicales) que rememoran los sonidos las islas del Pacífico. La relación con el juego no es muy clara pero cumplen bien su cometido.
Respecto a los efectos, cumplen de un modo correcto con una tendencia a lo pobre y poco elaborado. Son similares a los de la versión original y no hay voces digitalizadas que, por otra parte, suelen aportarle un toque gracioso a la acción como pasa en
“Super Mario 64 DS”. En resumen, sacan poco provecho a las posibilidades de DS.