Una leyenda de carácter propio
Como ya habíamos comentado, nada en este juego es baladí, y
no existe esa arma que sólo utilizaremos en una mazmorra en concreto. El repertorio de ítems es corto, pero estaremos constantemente cambiándolos y utilizándolos en todo tipo de situaciones, y es que
todo lo que aprendamos, tendremos que ponerlo en práctica más adelante tarde o temprano en una completísima recta final que nos hará afrontar retos en solitario, con un ayudante (donde nosotros manejaremos al ayudante a voluntad, para no tener problemas como la mala puntería de Zelda en Wind Waker), a una o dos pantallas, e incluso sobre el tren, amén de incluir el uso del instrumento a tocar en esta ocasión, la flauta, que tocaremos soplando a la vez que movemos el stylus.
La flauta es un elemento más para dar forma a todo este nuevo
Zelda, que también cambia de estilo, mientras que algunos optaron por la fábula medieval, éste tiene una mezcla entre lo precolombino y el salvaje oeste que, una vez más, ayuda a que sea un título único en su especie, quizás con tanta personalidad propia como la que sigue teniendo a día de hoy
Majora’s Mask, aunque abogando por un desarrollo más clásico.
Todo ayuda en la creación de este variado universo, aunque si comparamos con anteriores entregas, la variedad no reside en las localizaciones. Al meter un Zelda en cualquier consola, ya sabemos que acabaremos pasando tarde o temprano por un bosque, un volcán, un templo sumergido en el mar, un desierto, una zona helada,... Lo bueno es que cada uno tenga su propio motivo para existir dentro de cada entrega sin caer en la repetición, y en este caso, el terreno influye en nuestra travesía.
No será lo mismo atravesar las vías de la escarpada ladera de un volcán que perdernos en medio de una ventisca, o enfrentarnos a los piratas mientras surcamos las vías que sobrevuelan el mar, y a pesar de todo, sigue habiendo lugar para la sorpresa.
Sea en la región que sea, el juego es un espectáculo visual constante. Conseguir este nivel en DS parece que sólo está a la altura de los mejores, y al contrario de lo que pasa en algún gran referente técnico,
Zelda: Spirit Tracks no nos hace esperar ni un segundo de carga, y hemos podido contar con la mitad de los dedos de una mano las veces que ha sufrido alguna ralentización por sobrecarga de elementos y efectos en pantalla.
Brillos, efectos, chispas, fuego, nieve, voces, choques de espadas, gruñidos de bestias,... Todo tipo de efectos audiovisuales tienen cabida en este juego, salvo, como siempre en la saga, las voces, que brillan por su ausencia en pos de pequeños gritos que, a decir verdad, acompañan de sobra a las increíbles expresiones faciales que podemos ver en este
Wind Waker en miniatura.