Al hablar de Metal Slug lo primero que se viene a la cabeza es algo del estilo de “acción frenética”. Aunque también, a los más puristas se les pueden venir ideas como “reciclaje de sprites” o “declive desde Metal Slug 3”.
Estas son tres de las características fundamentales de una saga sin rumbo fijo en el panorama actual de los videojuegos. Cuando antaño introducíamos cinco duros en una recreativa y poseer una Neo-Geo era casi una utopía, jugar a Metal Slug era tan agradable como frustrante, dada su ingente cantidad de acción con un inconfundible estilo, y su elevada dificultad basada en simples rutinas.
El mencionado peculiar estilo de la saga, así como el humor tan puramente japonés anti-americano que desprende, son dos de las cualidades que hacen reconocer Metal Slug a simple vista. Sus también mencionadas mecánicas que hacen pensar “ya conozco cómo funciona, a la siguiente me lo paso”, son gran parte del atractivo jugable de la saga.
Aderezado con acción sin pausa y un sencillo control añejo de “saltar y disparar”, todo forma una mezcla absurdamente adictiva que consiguió llevar a la saga Metal Slug hasta esta séptima entrega numerada, contando con más de diez ediciones contando experimentos en diversas plataformas.
Este Metal Slug 7 es el primero de la saga clásica numerada que podemos disfrutar en una portátil de Nintendo, existiendo Metal Slug Advance, con algunos cambios que parecieron no cuajar muy bien entre los fans, como una barra de vida y algo más de exploración.