JUGABILIDAD - Assassin’s Creed: Altair’s Chronicles -
Un plataformas puro, de los de ir de “punto A” a “punto B”, como decía antes. Ese es el resumen, jugablemente hablando, de este Altair's Chronicles. Como decía antes, es tal la linealidad del juego que en muchas ocasiones te da la sensación de estar jugando a uno de esos títulos de móviles actuales.
Hay que decir que el hecho de ser un plataformas no es malo en sí, de hecho tenemos numerosísimos casos de auténticas obras maestras con esta estructura de juego (sin ir más lejos aún tenemos próximo el estupendo Mario Galaxy), pero no es este el caso. Aunque los escenarios están llenos de arquitecturas muy logradas sobre las que correr y saltar, una vez nos ponemos a ello nos daremos cuenta que la experiencia no es todo lo buena que nos gustaría. No faltan los momentos en los que el objetivo de nuestro salto queda fuera de la pantalla, o momentos en los que el movimiento de Altair nos juega una mala pasada en un aterrizaje que necesita de ser preciso; todo esto nos hará repetir algunas partes demasiadas veces y, lo que es peor e irritará más al jugador, normalmente no por culpa nuestra. El movimiento de nuestro avatar en pantalla es fluido como norma general, pero en ocasiones lo es tanto que se hace difícil de controlar, especialmente a la hora de controlar las caídas con la cruceta tras los saltos, y las típicas combinaciones de varios saltos seguidos con poco espacio de “aterrizaje” pueden llegar a hacerse, en algunos casos insufribles.
A todo esto tampoco ayudan los puntos de control, ya que a medida que avancemos el juego irán siendo cada vez menos durante las fases y estas se irán incrementando en dificultad (lógicamente), con lo cual muchas veces tendremos que repetir un tramo de fase excesivo después de haber cometido un error.
Entre plataforma y plataforma tendremos momentos de lucha como en el juego original, solo que aquí los enemigos son muy considerados y te atacarán de uno en uno aunque sean siete contra ti solo. Normalmente las batallas las ganarás pulsando repetidamente el botón X y sin necesidad de mirar la pantalla, sólo los caballeros templarios te plantarán un poco de cara y tendrás que emplearte un poco para acabar con ellos.
También a medida que avance el juego conseguirás más armas que añadir a la espada con la que cuentas desde el principio, e incluso podrás cambiar los puntos conseguidos por mejoras en las habilidades de Altair. La realidad de todo esto es que, como el juego no fomenta la necesidad de usar cada tipo de arma, acabarás dando mandoblazos a diestro y siniestro a base de botón X durante toda la aventura (y haciendo más bien poco caso a las mejoras disponibles para tu personaje, todo sea dicho).
También nos encontraremos, para intentar romper un poco con la estructura tan rígida del juego, con momentos en los que nos será necesario realizar algún tipo de acción especial, como robar alguna llave o realizar algún interrogatorio. Y aquí aparecen los siempre socorridos minijuegos, que le darán sentido tanto al stylus como a la pantalla táctil de la consola, ya que hasta ahora sólo había servido para mostrarnos el mini-mapa.
Sacar la llave de la bolsa del individuo, antes de que se acabe el tiempo y sin tocar el resto de objetos que hay dentro, y el clásico de ir tocando a ritmo las bolas numeradas con el stylus; minijuegos sencillos pero que se agradecen enormemente cuando te los encuentras en mitad de alguna fase. Un punto de ruptura necesario y que ayuda bastante al jugador a continuar avanzando por los mapeados, especialmente en los más largos.
DIVERSIÓN - Assassin’s Creed: Altair’s Chronicles -
Gameloft ha intentado conservar los conceptos de juego que hicieron famoso al original, se mantiene el icono de alerta y la posibilidad de esconderse al ser descubiertos, las batallas con multitud de enemigos, los robos, los asesinatos a jefes finales, la ambientación en diferentes ciudades, los interrogatorios con extorsión, etc, etc. A priori podríamos prever un juego ambicioso que llegara tener mucha repercusión en catálogo de DS.
Pero lamentablemente no será así, ya que todos esos conceptos que fueron realmente grandes en Assassins Creed no terminan de sentarle bien a este plataformas. La necesidad de esconderse al ser descubierto no es real y terminaremos por pasar entre los guardias sin preocuparnos por alertarles, ya que ganaremos cualquier batalla con facilidad, o dejando de lado las armas que vamos consiguiendo, ya que no las necesitaremos más que en contadísimas ocasiones. Sólo el tema de los minijuegos aporta algo al juego, y no es más que el soplo de aire fresco en el que se convierten cuando nos los encontramos.
En las seis horas, aproximadamente, que dura el juego se va incrementando la curva de dificultad a base de fases más largas y más complejas en sus acciones, además de reducir el número de puntos de control, lo que dejará un poco más contentos a los fans del género, que encontrarán un reto más acorde a sus habilidades hacia el final del juego. Y el hecho de desbloquear el nivel "difícil" al terminar el juego no es un truco infalible para aumentar la rejugabilidad.