Análisis
The Little Acre XONE

Hecho a mano.

The Little Acre

De haberse publicado en 1990, The Little Acre bien podría haberse unido a las muchas aventuras que jugamos en nuestra infancia cuando empezábamos a descubrir el cada vez más amplio mundo de los videojuegos. Al jugarlo nos cuesta no recordar todas las cosas que nos entretenían hace décadas. Sus entornos dibujados a mano avivan recuerdos de una época en la que ese estilo era lo más común. Pero a pesar de que nos brinde la posibilidad de entrar en un mundo bello y misterioso, como videojuego acaba desaprovechando todo lo que le podría dar ese mundo.

 

A lo largo de la aventura controlamos a Aidan y a su hija Lily para ayudarlos a descubrir qué ha ocurrido con el padre desaparecido de Aidan. En el comienzo del juego, por ejemplo, primero exploramos la cabaña de la familia y completamos algunos rompecabezas clásicos como Aidan, y luego repetimos lo mismo con Lily después de que descubra que su padre se ha ido. Esto ocurre varias veces en todo el juego. Los dos personajes tienen una visión del mundo muy distinta, y son esos sutiles momentos los que le dan a The Little Acre su encanto.

 

 

Es imposible no enamorarse de las travesuras de Lily. Mientras que el espíritu aventurero de su padre ha acabado disolviéndose con el paso de la vida, Lily no tiene nada que le pare los pies aún. Es un torbellino de curiosidad e imaginación que hace que cada momento que pasamos explorando el mundo con su mirada sea mágico. Como aventura gráfica, es una obra muy directa. La mayor parte del tiempo controlamos a Aiden o Lily para movernos por los encantadores entornos examinando lo que ven, recogiendo objetos o resolviendo los rompecabezas que vamos encontrándonos.

 

Al usar un mando, el joystick izquierdo sirve para mover a los personajes, o el cursor mientras usamos o combinamos los objetos. En este caso, cuando pasamos cerca de los objetos clave se activan las acciones. Generalmente, este sistema funciona bastante bien a la hora de llevar a la consola un control más apto para ratón. Pero hay ocasiones en la que el esquema clásico de control se percibe a través del control planteado para consolas. Hay algún rompecabezas que nos pide coger cierto objeto en un lugar, atravesar la habitación, abrir el inventario y sacar el objeto para usarlo antes de que el cronómetro se agote. Obviamente, no es imposible sacar adelante este problema, pero por la forma en que está diseñado el control, se nota que no han acabado de adaptarlo al nuevo medio.

 

 

Aparte de ese pequeño encontronazo con el mando, The Little Acre no es un juego difícil. Esto lo decimos como una virtud y un defecto. Por un lado, los rompecabezas son muy claros. Los objetos, el entorno y el diálogo trabajan de la mano para asegurarse de que nunca nos quedamos atascados hasta el punto de sentirnos frustrados. También impide que nuestro inventario se atiborre de objetos inútiles o de aquellos que obtenemos al principio del juego y luego no vamos a utilizar más. Por otra parte, un mayor reto habría convertido esta dulce pieza de arte en un juego más contundente. No podemos mentir: The Little Acre es un juego muy agradable. No todos los juegos tienen que acabar asesinando nuestra autoestima como jugadores, ni mucho menos, pero desde luego, a sus últimos niveles le habrían sentado muy bien unos rompecabezas más complicados. Nos gusta la sensación de estudiar durante toda nuestra partida, que se nos ponga a prueba al final y superarlo. A este título le falta esa magia, y eso hace que se note más lo breve que es. Para cuando los créditos aparecen, nos quedamos con la sensación de que tiene mucho más que contar.

 

Es una aventura que se puede disfrutar mucho acompañada de un té, pero por desgracia, para cuando la terminamos el té puede no haberse enfriado del todo. Es muy apropiado jugarla de una sentada, sobre todo para adquirir un mayor sentido del buen ritmo que tiene. El equipo de Pewter Games ha conseguido crear un título muy carismático sin grandes pretensiones. El apartado visual y el entrañable elenco de personajes hacen de la partida una experiencia tierna y no exenta de cierta nostalgia. Podríamos recomendarlo fácilmente a aquellos nuevos padres que quieran iniciar a sus retoños en este medio maravilloso pero no quieren hacerlo con un Guybrush Threepwood por miedo a que se pierda alguna coña. Por lo pronto, Pewter Games puede estar orgulloso de ser de los pocos estudios capaces de haber puesto a Irlanda en el mapa de los estudios desarrolladores.

7.5
/ 10
31 de Diciembre de 2016 a las 16:17 por Diego Emegé
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Género: Aventura Gráfica

Distribuidor: Curve Digital

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